Ana Antico, fundadora y directora de Antico Studio, conversó con Paloma Ávila en Sana Mente sobre la neuroarquitectura y sostuvo que “se basa en la neurociencia para entender cómo el espacio que habitamos influye en nuestro bienestar, en nuestra salud física y salud mental”.
La arquitecta detalló que los humanos llevamos viviendo en ciudades solo unos 200 años. “Entonces, se empezó a investigar qué pasó en estos 200 años en los que surgieron una serie de enfermedades que antes no existían (…) y (se encontró que) eso viene un poco asociado al aumento del cortisol que vivimos”.
“Se descubrió que el aumento de cortisol también está dentro de las casas, dependiendo de los estímulos que uno vive. De ahí vienen una serie de estudios (…) y se ha descubierto que si los ambientes son cálidos y acogedores, aumenta mucho la serotonina y endorfina, que son las hormonas de la felicidad”, agregó.
La importancia de las luces y colores
Antico recalcó la importancia de la luz y sostuvo que “se descubrió que la luz azul o fría retrasa la salida de la melatonina”. “Nosotros tenemos algo que es como el reloj biológico o el ritmo circadiano, que está muy asociado a la salida y a la puesta del sol”, dijo, y agregó que “nosotros podemos alterar eso con la luz”.
“Las pantallas, teléfonos o ampolletas pueden ser de esa luz fría y alterar la salida de la melatonina y uno puede no dormir bien o descansar bien y, obviamente, si uno tiene alterado el ciclo del sueño, después va a tener mala memoria, va a producir menos, va a tener aumento de cortisol, etcétera”, añadió.
Por otra parte, sostuvo que las formas también son relevantes, ya que “está demostrado que las muy angulosas o puntas de flecha generan como una amenaza, hostilidad y ganas de salir arrancando del lugar. En cambio, las formas curvas y orgánicas favorecen el permanecer en el espacio, puesto que uno se siente más cómodo, relajado, disminuye el cortisol, aumenta la felicidad y dan ganas de permanecer en el espacio”.

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Finalmente, habló sobre la importancia de los colores al señalar que “el verde o el azul son colores de la naturaleza y sí está comprobado que te baja el ritmo cardíaco y uno se siente más relajado; también los colores tierra de la naturaleza. Y hay estudios que dicen que los colores oscuros disminuyen la comunicación entre las personas”.
“Disminuir los niveles de cortisol y generar estímulos que gatillen en el cerebro esos estados o enlaces cognitivos que sean de mayor serenidad, calma, confort, mayor concentración, especialmente ahora que hay tanto déficit atencional y estrés. Todo eso se puede ir trabajando de acuerdo a la forma, a la paleta de colores que uno use, a las imágenes que uno vea”, cerró.
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