Andrés Zaldívar recuerda episodio vivido en dictadura: “Me tiraron un tarro de mierda en pleno Huérfanos y me pusieron una pistola en el pecho”

Por CNN Chile

19.04.2026 / 22:30

En el primer capítulo de la nueva temporada de CNN Íntimo, con Matilde Burgos, el histórico DC hace un repaso por su trayectoria y reflexiona sobre la democracia, la dictadura y la importancia de las oposiciones constructivas. “No soy partidario de negarle la sal y el agua a ningún gobierno", afirma.


Con más de medio siglo de trayectoria en la vida pública, Andrés Zaldívar Larraín es una de las figuras más influyentes de la política chilena reciente.

Abogado de la Universidad de Chile y militante histórico de la Democracia Cristiana (DC), su carrera ha estado marcada por un rol activo en momentos clave del país, desde el gobierno de Eduardo Frei Montalva hasta la transición democrática y los años posteriores.

Fue ministro de Estado en distintas carteras (Economía, Fomento y Reconstrucción, Hacienda e Interior), presidente de su partido en períodos complejos, incluido el exilio durante la dictadura, y senador en varias etapas, llegando a presidir la Cámara Alta en dos períodos.

Creo que una vida tan larga es un regalo (…). Uno sabe que el tiempo es corto”, reflexionó en la nueva temporada de CNN Íntimo con Matilde Burgos. “A mis amigos les propuse que los que cumplamos 90 años entremos al círculo llamado la quinta edad”, dice, agregando en tono de broma que en esa etapa “tenemos derecho a no cumplir más años”.

Una vida de amor a la política

Desde sus primeros pasos, para Zaldívar la política no es solo ganar elecciones, sino construir proyecto, recordando cuando participó en las primarias presidenciales de la Concertación en 1999. “Cuando yo fui candidato, sabía que iba a perder con Ricardo Lagos, porque sabía que gente muy cercana a uno estaba con él, convencida de que tenía más opciones”.

Su razón era más profunda que el resultado inmediato. “Di la primaria en el entendido de que era necesario que el partido mantuviera su postura y tuviera una presencia activa, no sumisa (…). Uno no solo va a las elecciones a ganar, sino que muchas veces las campañas son para llevar un mensaje, convencer a más gente e ir acumulando fuerza”, reflexiona.


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En esta línea, valoró los gobiernos de la transición, afirmando que, a diferencia de experiencias más recientes, en ese entonces había una estrategia. “Nosotros sabíamos lo que íbamos a hacer. Participamos miles de profesionales en la confección del programa y llegamos con un bagaje claro, bueno o malo, pero sabíamos lo que queríamos hacer”, afirma.

Sin embargo, no elude la autocrítica, apuntando a dos grandes errores de su partido. El primero de ellos fue “en el gobierno de Frei padre”: “no fue capaz de proyectarse en un segundo gobierno. Eso se mantiene, eso da la sensación de éxito, de capacidad de gestión“, mientras que el segundo error del partido fue “darle privilegio a los grupitos“.

Respecto al segundo aspecto, Andrés detalla que él siempre trató “de no pertenecer a ningún grupo del partido. No los critico, pero cuando tú haces de la política cosas de interés personal antes del interés común y te empiezan a defender las capillitas y el cargo, y que esto por qué no yo y por qué aquí, terminan destruyendo los partidos“.

De dulce y agraz

Sobre el golpe de Estado de 1973, Zaldivar describe un escenario de crisis profunda. “Había absolutamente un desgobierno. Salvador Allende había perdido el control de su propio gobierno (…) porque los propios partidarios, los más extremistas, terminaron destruyéndolo, y porque la propia Unión Soviética le dio vuelta a la espalda”.

“Hubo mucha gente que sintió que el golpe era una salida razonable, porque había una sensación de que no había salida”, dice, pero también advierte que existían señales de alerta que anticipaban sus consecuencias: “’Cuando entran los militares no sueltan nunca el poder’”, recuerda que le comentó Bernardo Leighton (exministro y político DC).

Sobre si teme que se vuelva a repetir la historia, afirma: “Yo espero que nunca más. Por lo menos mi generación y los que vienen detrás de mí, que vivieron el golpe y que vivieron lo que es morir en dictadura, pero en dictadura como la de Pinochet, donde tú temías por tu vida todos los días, donde a mí me atacaron varias veces, me agredieron“.


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En esta línea, recuerda un episodio que vivió durante la dictadura en el centro de la ciudad de Santiago. “Un día me tiraron un tarro de mierda en pleno Huérfanos y me pusieron una pistola en el pecho para decirme ‘mire, no siga tonteando aquí porque si no te vamos a acabar’. Entonces, eso nunca más este país puede vivirlo“, agrega.

Reflexionando sobre ello, el histórico democratacristiano transmite un mensaje a las nuevas generaciones:  “Hagan todos los esfuerzos, no hay que renunciar a las cosas, hay que hacer todos los esfuerzos por buscar convivencia y entendimiento. Esto de hacerle la oposición a un gobierno por el mero hecho de ser gobierno, no”.

Las bombas sociales

Al analizar el presente, su diagnóstico apunta a tensiones estructurales a las que califica como “bombas que pueden reventar en cualquier momento, como sucedió el 18 de octubre”. “Cuando hay más de 700 mil familias sin casa, más de 150 mil viviendo en campamentos y cientos de miles esperando atención en salud, eso el país tiene que solucionarlo”.

En ese contexto, evalúa el saliente gobierno de Gabriel Boric con una mirada crítica, pero matizada. “El gobierno fue para ellos una sorpresa, no creían que iban a ganar”, afirma, apuntando a una falta de preparación inicial: Se dieron las condiciones y entró con un equipo de gente valiosa, (…) pero no habían tenido experiencia en la gestión de un gobierno”.

Su balance sobre el otrora Ejecutivo es claro: “No creo que fue un buen gobierno (…), fue un gobierno plano. ¿Hicieron algunas cosas? Sí se hicieron, (…) pero Gabriel Boric terminó defendiendo cosas que él mismo en un momento dado no estuvo de acuerdo“. Aun así, reconoce un proceso de aprendizaje: “Aprendió, y creo que estaba aprendiendo”.

Pese a las críticas tanto al exgobierno como al actual, insiste en una línea que atraviesa todo su discurso: la necesidad de una oposición constructiva. “No soy partidario de negarle la sal y el agua a ningún gobierno. Soy partidario de ser crítico, pero aportar ideas, aportar soluciones y ser capaz de poner sentido común, que es el menos común de los sentidos, y el bien común de por medio y no el bien personal o lo que a mí me interesa ahora”, concluye.

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