Los 70 días de Sedini: El breve ascenso y caída de la guardiana del relato de Kast

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Los 70 días de Sedini: El breve ascenso y caída de la guardiana del relato de Kast

Los dos meses y ocho días que Mara Sedini estuvo como vocera del Gobierno del Presidente José Antonio Kast fueron intensos.

La portavoz de la campaña republicana llegó a La Moneda como una de las principales apuestas comunicacionales del Mandatario. Desde el programa televisivo Sin Filtros —espacio donde cultivó un estilo directo y confrontacional— había ayudado a instalar parte importante de la agenda de Kast en el centro del debate político.

Sin embargo, en solo 10 semanas se convirtió en uno de los principales síntomas del desgaste prematuro del Gobierno.

Setenta días después del inicio de la administración, Sedini abandonó el gabinete junto a Trinidad Steinert, la ministra de Seguridad Pública, en el ajuste ministerial más temprano que haya enfrentado un Gobierno desde el retorno a la democracia.

La misma dirigente que había acompañado a Kast durante la campaña —y que incluso apareció cantando en uno de sus jingles más recordados— terminó convertida, con el correr de las semanas, en el foco de los problemas comunicacionales que atravesaba el Ejecutivo.

Las críticas comenzaron a acumularse. Algunas apuntaban al manejo político de las salidas comunicacionales, encabezadas por Sedini junto al director de Contenidos de Presidencia, Cristián Valenzuela. Otras surgían desde el propio oficialismo, donde comenzó a instalarse incomodidad por el tono, el control de daños y la capacidad de ordenar el mensaje gubernamental.

Pero el desgaste no se explicó solo por percepciones internas. También hubo episodios concretos.

Los hitos de la vocería de Sedini

El primer flanco se abrió cuando Sedini todavía ni siquiera asumía como ministra.

A fines de enero tuvo que explicar los contactos entre el entorno de Kast y Trinidad Steinert, luego de afirmar en una entrevista escrita que la llegada de la entonces exfiscal jefe de Tarapacá al equipo de Gobierno tenía su origen en una conversación que “ya llevaba un buen tiempo”.

La frase abrió cuestionamientos desde la oposición, que acusó un eventual conflicto respecto del tiempo en que Steinert habría comenzado a evaluar su arribo al Ejecutivo mientras aún integraba el Ministerio Público.

El segundo episodio fue más visible y políticamente más costoso.

Una publicación institucional en redes sociales terminó convirtiéndose en una de las controversias más persistentes de las primeras semanas de Gobierno.

“¿Por qué no podemos bajar el precio de la bencina con el Mepco?”, preguntaba una gráfica difundida desde cuentas oficiales.

La respuesta aparecía justo debajo:

“Porque nos dejaron sin plata. Un Estado en quiebra”.

La reacción fue inmediata. Parlamentarios de oposición criticaron el mensaje y acudieron a Contraloría para cuestionar el uso de plataformas institucionales con fines políticos. El pronunciamiento del organismo se transformó en uno de los primeros bochornos de la administración Kast.

Contraloría instruyó a la Segegob —encabezada por Sedini— adoptar medidas para evitar publicaciones “imprecisas” y, además, ordenó un procedimiento disciplinario para determinar eventuales responsabilidades administrativas.

Las últimas semanas

Para entonces, los problemas ya excedían un episodio aislado.

Se acumulaban respuestas erráticas en vocerías, ausencias en comisiones parlamentarias, errores ortográficos en publicaciones oficiales y acusaciones de “sabotaje legislativo” que terminaron tensando la relación de Sedini con la oposición.

El deterioro, hasta entonces contenido, comenzó a hacerse visible.

Todo terminó este 19 de mayo, cuando Kast encabezó el cambio de gabinete más precipitado en más de tres décadas y reunió a su equipo ministerial en el Salón Montt Varas. Ahí, frente a ministros y asesores, se dirigió directamente a su vocera saliente.

“Estuvimos juntos desde la campaña. Asumiste un ministerio difícil. Te ha tocado ser el rostro de decisiones impopulares. Siempre con energía, con fuerza, con valentía”, le dijo.

Después vino una frase que operó, al mismo tiempo, como despedida y defensa política:

“Un proceso de instalación no es fácil. Y se requiere fuerza y convicción, como la que tú has tenido para enfrentar situaciones injustas. Muy injustas”.

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