Navidad, Pascua, momentos de regalos, de encuentros familiares, de tarjetas de papel enviadas con saludos, un último acto analógico en medios de enormes cambios digitales. Todo esto una semana antes de cambiarle número al calendario. Tacos majestuosos, porque parece que todos salieron a comprar regalos a última hora y al mismo tiempo.
Pareciera que este momento cristiano nos importara mucho. Pero… ¿cree usted que nos importa el mensaje de fondo, y no sólo abrir regalos?
¿Cuánto de lo cristiano que cada cual se siente se refleja en sus acciones cotidianas? Los ritos tienen esa característica de rutina, que se hacen porque siempre se han hecho. Sea o no sea cristiano cada cual participa de este día a su modo. Mientras tanto, este 2024, el mundo volvió a ensañarse contra sí mismo. Desde la delincuencia callejera hasta las guerras por todo el mapa.
¿Exagero? Ojalá. Aplicarle contenido a estas fechas sería hermoso. Más allá de los rezos y gestos automáticos. Crea o no crea esa venida doblemente milenaria, esa visita abrió un portillo amoroso y humano a lo que siempre se ganaba por la fuerza.
Cuando el mundo ya está, técnicamente, en condiciones de hacerse explotar atómicamente decenas de veces, ¿qué tal si hacemos en estas fiestas -para variar- exactamente, lo contrario? Conocerse, conversar, discutir y acordar, que es un mejor homenaje a la Navidad que un mero intercambio de regalos en un día feriado.
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