Columna de opinión: La niñez no termina en las pantallas

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“Teléfono robado, teléfono bloqueado”: Subtel lanza campaña para proteger datos personales ante hurto de celulares/Pexels/Referencial

El acuerdo alcanzado entre Meta en Estados Unidos abrió una discusión que Chile no puede observar desde lejos. La empresa aceptó pagar hasta US$18 mil millones y aplicar nuevas restricciones en Facebook e Instagram, en el marco de acusaciones de haber diseñado productos que fomentaban un uso adictivo entre niños y jóvenes. Meta no admitió responsabilidad, pero el acuerdo puso un precedente que cruza fronteras.

La discusión llegó a nuestro país desde una coincidencia feliz. Fue la presidenta del Senado, Paulina Núñez, y el senador Diego Ibáñez, los que plantearon la necesidad de avanzar en una regulación para proteger a niños, niñas y adolescentes en las redes sociales. No es una preocupación menor. Según la OCDE, los jóvenes chilenos superan las 45 horas semanales de uso de redes sociales, mientras que el Observatorio Niñez de Fundación Colunga, advierte que cuatro de cada cinco estudiantes de 2° medio presentan niveles elevados de consumo de pantallas, superiores a cinco o seis horas diarias. Las consecuencias en aprendizaje, salud mental y convivencia social son graves.

Esta discusión también ofrece una oportunidad para ampliar la mirada. Si el consenso político está preguntándose cómo proteger la niñez de plataformas  diseñadas para capturar su atención: ¿Por qué no aprovechar el impulso para pensar también como proteger a niños y niñas de la pobreza y vulnerabilidad? Como lo ha mostrado la evidencia acumulada en décadas, la pobreza también tiene impactos en el desarrollo infantil, los aprendizajes y la salud mental. Un dato: uno de cada diez niños entre 0 y 17 años vive hoy en nuestro país en pobreza severa y la cifra de pobreza infantil supera con creces la de la población adulta.

Chile no tiene que elegir entre las pantallas o la pobreza. Mientras necesitamos hacernos cargos de los temas de hoy, con reglas para las plataformas, también lo tenemos que hacer con políticas capaces de asegurar condiciones materiales, educativas, territoriales y familiares para que ningún niño vea limitado su desarrollo por el lugar donde nació o por los recursos de su hogar.

Quizás la coincidencia entre dos senadores de posiciones distantes sea una señal alentadora: cuando se trata de la infancia, Chile puede encontrar acuerdos. El desafío ahora es que esos acuerdos no terminen en la pantalla. Porque la infancia comienza mucho antes de encender un teléfono y continúa mucho después de apagarlo.

Por Catalina Littin,
Directora Ejecutiva Fundación para la Superación de la Pobreza

Paloma del Villar
Directora Observatorio Niñez Fundación Colunga

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