(CNN) — Fue hermoso. Fue divertido. Fomentó la unidad. Pero ¿valió la pena el Mundial para Estados Unidos?
Esa pregunta suele responderse en términos financieros: se suma el beneficio económico generado por los partidos y se resta la cantidad invertida en organizarlos. Si el resultado es positivo, entonces el evento valió la pena. Si es negativo, no.
Bajo ese criterio, la Copa del Mundo fue casi con toda seguridad un fracaso.
Existen muy pocas pruebas que respalden la existencia de un beneficio financiero significativo para EE.UU. derivado de los partidos: no se produjo el esperado auge del empleo. Los precios de los hoteles no registraron aumentos significativos. El crecimiento de las ventas minoristas cayó drásticamente en junio con respecto a mayo. Las tarifas aéreas se mantuvieron estables respecto a mayo, al igual que el turismo en general.
Sin embargo, medir el beneficio económico es una tarea compleja: ¿cómo se aísla el impulso generado por un evento de la magnitud de la Copa del Mundo del resto de una economía tan vasta como la de Estados Unidos? En ese punto, la interpretación de los datos se vuelve subjetiva.
Pero, ¿qué sucede si la respuesta no se mide estrictamente en términos monetarios? ¿Existe un precio razonable por la diversión?
No hay una medida objetiva para esa pregunta, ya que determinar si un torneo de fútbol masivo “vale la pena” es algo intrínsecamente subjetivo.
La evidencia económica
Dado que los contribuyentes suelen sufragar los gastos de grandes eventos deportivos de la magnitud de los Juegos Olímpicos o la Copa del Mundo —cuya organización cuesta decenas de miles de millones de dólares—, los organizadores contratan a equipos de economistas para justificar su viabilidad financiera.
La FIFA se esforzó por demostrar cómo la Copa del Mundo de 2026 beneficiaría a Estados Unidos: en un informe de marzo de 2025, la asociación mundial de fútbol estimó que la organización de los partidos costaría US$ 13.900 millones (de los cuales Estados Unidos asumiría US$ 11.100 millones) y generaría un beneficio económico global de US$ 80.100 millones, incluidos 30.500 millones para Estados Unidos. La FIFA afirmó que el torneo crearía el equivalente a 185.000 empleos a tiempo completo en el país.
Si ese impulso fue real, resultó difícil apreciarlo en los datos.
El turismo hacia Estados Unidos se mantuvo prácticamente estancado en junio en comparación con el mismo mes del año anterior —con un aumento de apenas el 0,2 %—, según la Oficina Nacional de Viajes y Turismo. La mayor parte del incremento provino de África (un 13,8 % más) y América del Sur (un 4,7 % más). Sin embargo, las visitas de europeos cayeron un 1,2 % y el turismo asiático descendió un 5,6 %.
El informe de inflación de la semana pasada mostró un impacto de la Copa del Mundo menor al esperado. Los precios de los hoteles bajaron un 2,8 % y las tarifas aéreas apenas variaron. Los precios de las actividades recreativas subieron, pero solo un 0,5 %.
El informe de empleo de junio reveló un desplome de 61.000 puestos de trabajo en el sector de ocio y hostelería, una cifra tan sorprendente que la mayoría de los economistas prevé que será revisada. La economía estadounidense también perdió cerca de 5.000 empleos en el comercio minorista de mercancías generales ese mes: adiós a las compras de recuerdos. Es posible que a algunos trabajadores del sector servicios se les pidiera trabajar más horas durante los partidos a cambio de una mayor remuneración, pero eso no se reflejaría de manera significativa en el informe de empleo.
Las ventas minoristas a nivel nacional aumentaron solo un 0,2 % en junio, una cifra inferior a las expectativas de los economistas y por debajo del crecimiento del 1 % registrado en mayo. El gasto en restaurantes y bares fue apenas un 0,1 % mayor el mes pasado. Los datos locales muestran indicios de un impulso derivado de la Copa del Mundo: las ventas de las pequeñas empresas en las ciudades anfitrionas aumentaron un 4,1 % en junio, frente al incremento del 1,8 % registrado en las grandes ciudades que no albergaron los partidos, según Fiserv, una empresa de servicios financieros para pequeñas empresas.

Aficionados al fútbol de Escocia se reúnen frente al bar Hennessy’s en Boston, Massachusetts, el 19 de junio. John Tlumacki/The Boston Globe/Getty Images
Boston fue la ciudad más beneficiada, con un aumento del 7,6 % en las ventas de las pequeñas empresas, aunque la Reserva Federal señaló que gran parte de este incremento se debió a un fuerte aumento en las ventas de cerveza, posiblemente porque los aficionados escoceses agotaron las existencias de la ciudad. No obstante, la Reserva Federal indicó que los hoteles de Boston reportaron inicialmente reservas por debajo de lo previsto durante la Copa del Mundo, aunque estas alcanzaron niveles habituales una vez que se ofrecieron precios con descuento.
Si bien es probable que la Copa del Mundo impulsara la actividad económica general en las ciudades anfitrionas, los partidos coincidieron con la guerra de Irán, hecho que elevó los precios al consumidor y mermó parte de la demanda, señaló Joe Brusuelas, economista jefe para EE.UU. de RBS. Esos factores —ninguno de ellos especialmente intenso— probablemente se contrarrestaron entre sí, afirmó.
“El impulso macroeconómico derivado de los partidos no fue tan sólido como se esperaba”, declaró Brusuelas.
Problemas de contabilidad
Es difícil cuantificar el impulso económico que Estados Unidos obtuvo de la Copa del Mundo debido a la gran cantidad de incógnitas. Por ejemplo, ¿qué parte de ese dinero se habría gastado de todos modos, tal vez en otro lugar? ¿Cómo se contabiliza la productividad afectada por las alteraciones en los desplazamientos y por los empleados que veían los partidos en lugar de trabajar? Y, para empezar, ¿cómo se mide siquiera el costo de los partidos?
Por ejemplo, la FIFA presentó el costo de la infraestructura para esta Copa del Mundo como algo prácticamente “gratuito”, ya que Canadá, Estados Unidos y México no tuvieron que construir estadios nuevos, a diferencia de Qatar, que gastó miles de millones de dólares en la construcción de múltiples estadios para albergar los partidos de 2022.
Sin embargo, en algún momento los contribuyentes asumieron el costo de esos estadios, presumiblemente con la expectativa de que pudieran utilizarse para una amplia variedad de eventos, incluidos posibles partidos de la Copa del Mundo. ¿Qué parte de ese costo debería contabilizarse?
“Hay muchas variables de confusión y tanto ruido en los datos”, señaló Michael Edwards, profesor de gestión deportiva en la Universidad Estatal de Carolina del Norte. “Resulta realmente difícil determinar con exactitud los beneficios específicos derivados de estos eventos”.

Aficionados de EE.UU. ven el partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA entre Portugal y España en el evento Seattle Soccer Celebration, en el muelle 58 de Seattle, Washington, el 6 de julio. Jason Redmond/AFP/Getty Images
¿Quién definitivamente se benefició?
Sabemos con certeza que una organización salió ganando: la FIFA. Según Bloomberg Intelligence, la organización podría recaudar US$ 9.000 millones por la venta de entradas para el evento. Esa cifra se suma a los US$ 1.100 millones que, al parecer, ingresó por los derechos de transmisión televisiva en Estados Unidos a través de Fox y Telemundo.
Los propietarios de los estadios también obtuvieron ganancias con la venta de entradas, al igual que las empresas de apuestas, que registraron un volumen estimado de US$ 2.250 millones en apuestas, según Bloomberg Intelligence.
“Hay muchas formas de verlo, pero los contribuyentes financian la construcción de los estadios y la gran mayoría de los ingresos van a parar a los dueños de los equipos, a la FIFA, al COI, etc.; además, no hay muchas pruebas de que estos eventos generen beneficios económicos generalizados para la ciudad”, señaló Edwards.
Sin embargo, los aficionados también se vieron beneficiados. Lo mismo ocurrió con los bares deportivos abarrotados durante una época que, por lo general, es de temporada baja. El interés por el fútbol alcanza su punto álgido durante la Copa del Mundo, fomentando la pasión por este deporte y uniendo a familias, amigos y desconocidos a lo largo del torneo.
Existen indicios de que el interés por el fútbol está echando raíces realmente en Estados Unidos. Actualmente es el cuarto deporte profesional más popular del país —por detrás del fútbol americano, el béisbol y el baloncesto, pero por delante del automovilismo y el hockey sobre hielo—, según una encuesta de Gallup. El fútbol juvenil y la MLS estadounidense podrían recibir un impulso significativo, tal como sucedió con el evento de 1994 organizado por Estados Unidos.
Es un acontecimiento que une a la gente, una de las pocas cosas que quedan en la era de aislamiento de las redes sociales. Los estadounidenses sintieron orgullo nacional al ver a las multitudes de turistas internacionales que quedaron encantados con Walmart y el aderezo ranch. Y, en un momento sombrío para el mundo, un torneo magnífico ayudó a que el planeta se sintiera un poco más pequeño.

Aficionados noruegos al fútbol forman una fila de conga mientras animan a su equipo el 10 de julio en Miami Beach, Florida, antes del partido de cuartos de final del Mundial que Noruega disputaría al día siguiente contra Inglaterra. Hannah Peters/FIFA/Getty Images
Por eso Edwards afirma que no se opone a los eventos deportivos financiados con dinero público. El hecho de que el beneficio económico para las ciudades no esté claro no significa que organizar un evento como la Copa del Mundo sea una mala idea.
“Desde un punto de vista estrictamente financiero, hay muy pocas pruebas de que estos eventos se autofinancien, pero eso no quiere decir que no deban llevarse a cabo. Existen otros beneficios no económicos”, afirmó. “Es necesario entablar un debate más amplio sobre los beneficios reales que obtenemos frente a las afirmaciones, en gran medida míticas, sobre las ventajas económicas”.
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