Brasil celebra elecciones presidenciales el próximo domingo, en seis días más. Y Flávio Bolsonaro, una copia devaluada y sin el carisma de su padre, empata con el actual presidente Lula en las encuestas. Es decir, el resultado está abierto. Si ninguno supera el 50% de los votos válidos, habrá segunda vuelta el 25 de octubre.
¿Por qué importa a Latinoamérica y a Chile el devenir político de Brasil, en la perspectiva del actual reordenamiento global?
No podemos obviar el contexto. Trump, en su competencia con China, necesita mostrar mucho músculo en América Latina y, como ya hemos visto, ha vuelto a llamar a un espíritu de Guerra Fría y a considerar esta región como su patio trasero. Brasil hoy es un contrapeso. Una de las 10 economías más grandes del mundo.
De ganar Bolsonaro, muy cercano a Trump, la situación de América Latina se vería muy deteriorada y disminuida. La región quedaría relegada a ser masa de maniobra del presidente estadounidense y sus muy particulares intereses.
Esto no le conviene a Chile, un país mediano, con un mercado interno pequeño, que tuvo su época de oro en los 90 y 2000, cuando el mundo era otro y apostamos a la apertura y a la autonomía. A un país como Chile le interesa la globalización en el comercio internacional.
En una América Latina donde triunfa el soberanismo y las extremas derechas, es muy peligroso que Chile se instale como uno más del ganado. No se trata de Lula o no Lula. Se trata de advertir que, con una región sin balances, con una Latinoamérica débil, la hegemonía norteamericana volvería a los viejos tiempos. Y eso es evidente, no nos viene nada bien.
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