Juan Francisco Melo Miquel, más conocido simplemente como “Pancho Melo“, es uno de los actores más reconocidos de la televisión, el teatro y el cine chileno.
Nacido en Santiago, siendo el quinto de seis hermanos, inicialmente siguió el camino de la ingeniería, pero tras tres años decidió cambiar drásticamente su rumbo.
Ingresó a la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1986, iniciando una trayectoria que lo llevaría a consolidarse como una de las figuras más emblemáticas de la ficción nacional.
Su debut teatral llegó en el año 1990 de la mano de la obra Marat Sade, dirigida por Fernando González, marcando el inicio de una extensa carrera ligada tanto al teatro como a la televisión y el cine.
Ha participado en exitosas teleseries como Estúpido Cupido, Sucupira, Romané, Machos, Tranquilo Papá y Los Casablanca, además de producciones cinematográficas como El bosque de Karadima. En paralelo, ha desarrollado una extensa carrera teatral con montajes como Otelo y Las brujas de Salem.
Su trayectoria ha sido reconocida con importantes premios nacionales, tales como el Altazor, el Caleuche y el Copihue de Oro. En los últimos años, además, ha ampliado su presencia pública a través de redes sociales, especialmente TikTok, donde ha logrado conectar con nuevas audiencias desde el humor y la creación de contenido.
“Yo creo que la gente tiene una sensación de que uno está como loco. Sí, uno anda corriendo un poco para arriba y para abajo, pero con el tiempo he aprendido a respetar esos espacios de tranquilidad, especialmente en mi casa, que es mi motor”, señaló a Matilde Burgos en una nueva edición de CNN Íntimo.
De la ingeniería a la actuación
Melo estudió tres años Ingeniería Mecánica en la Universidad de Santiago antes de tomar la decisión de cambiar completamente de rumbo e ingresar a Teatro. Hasta hoy, asegura, no tiene una explicación demasiado clara sobre ese momento: “Te juro que no he logrado responder el punto en que yo dije teatro”.
Según recuerda, en su entorno no había conexión con las artes. “No existían antecedentes ni familiares ni personales, como en el colegio participando en obras de teatro importantes”, dijo, afirmando entre risas que sus participaciones escolares eran mínimas, tales como “el árbol, la piedra tres, el tipo que pasaba”.
Uno de los momentos más complejos fue enfrentar la conversación con su padre, ingeniero, quien “estaba feliz con que yo también lo fuera”. “Hubo un acto de valentía, que fue comentarle eso. Yo le agradezco profundamente porque, pese a todo lo que quería, me aceptó el desafío con muchas dudas y miedos”.
Con el tiempo, dice, esa incertidumbre familiar se transformó en orgullo. “Hace poco me encontré con un cuaderno lleno de recortes hechos por mi madre, de las cosas donde yo iba apareciendo, y eso me llena, me dan ganas de llorar porque me la imagino cortando el diario, pegando, consiguiéndose la cola fría”.
Luchar contra el ego y aprender del fracaso
Aunque hoy se mueve con naturalidad entre cámaras y escenarios, Melo asegura que era perno, tímido, no tenía herramientas”, afirmó, detallando que con el tiempo aprendió a aceptar esa forma de ser: “aprendí a quererme así, me reconocí así, dije: ‘Así eres’ (…). No todos tenemos que ser los reyes de la fiesta”.
El intérprete también reflexionó sobre el sentido de la actuación y el rol social del arte. “Yo creo que el arte esencialmente debe ser provocador en todo ámbito de las cosas (…). Lo que yo pretendo es provocar al espectador, a quien lo mire, a quien forme parte o participe de esta experiencia, más que de ser un observador”.
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“Esa experiencia puede o debe tener connotaciones sociales, políticas, emocionales, artísticas, lo puede tener todo. Entonces uno tiene una tremenda posibilidad cuando hace un evento artístico y, en ese sentido, cada obra es distinta (…). También puedes usar para hacer una crítica social”, reflexionó al respecto.
Sobre los momentos difíciles de su carrera, aseguró que el fracaso ha sido parte importante de su aprendizaje. “Está lleno de fracasos, y fracasos que no solo son cuando una película, obra o teleserie no funciona, sino que son fracasos personales donde uno siente que no está, que no lo logró, y esos son los más potentes”.
En esa línea, sostuvo que esas experiencias terminan siendo más formadoras que los éxitos: “En rigor, esos fracasos son los que más te enseñan, porque el éxito está lleno de luces, lleno de aplausos; ahí entra el tema del ego, ya que el ego te confunde, te marea y te embriaga en relación a decir ‘yo puedo hacerlo todo’”.
TikTok, humor y nuevas audiencias
En los últimos años, Melo encontró un nuevo espacio en redes sociales, especialmente en TikTok e Instagram. Aunque al inicio llegó ahí por trabajo, rápidamente se sintió cómodo con el formato: “Partió como una estrategia de marketing”, explicó sobre el momento en que le recomendaron potenciar sus redes
“Yo encontré un espacio que no entiendo muy bien, pero me siento cómodo (…). Encontré un espacio de humor; yo de verdad siento que también estoy expresándome artísticamente. Eso me abrió un mundo, esto de las redes me abrió la posibilidad de conectarme con un mundo que no sabía que existía”, agregó.
El actor explicó que las redes sociales también ampliaron el vínculo con el público y con generaciones más jóvenes. “Siempre hago el chiste de que antes pasaba frente a la Fundación Las Rosas y las señoras como que me saludaban, pero pasaba al frente de un colegio y no existía, pero ahora el joven conectó. Entonces, respecto a la audiencia, hay una comunicación que es mucho más amplia y muy diversa”.
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