Según información de Techo Chile y el Ministerio de Vivienda, actualmente existen 1.428 campamentos, donde habitan 120.584 familias y 84.059 niños, niñas y adolescentes (NNA), de acuerdo a los datos reportados hasta julio pasado.
Por ello, en conversación con CNN AM, Rosario Palacios, investigadora del Centro de Estudios Públicos (CEP) y coautora del estudio sobre campamentos y niñez, explicó más detalles acerca de esta situación.
Este informe analiza el modelo de “barrios transitorios“, una alternativa para las familias que dejan los campamentos antes de llegar a la vivienda definitiva. “Lo que se ve es que los niños, niñas y adolescentes que están en campamentos, a medida que van pasando los años, están más expuestos a la violencia por cada año extra que estén viviendo en campamentos que la exposición a la violencia tiene distintas manifestaciones”, sostuvo Palacios.
El principal hallazgo de la investigación es que la niñez en campamento experimenta este doble vínculo. Están expuestos a altos niveles de violencia y por cada año que viven en campamentos aumenta su exhibición y, por otro lado, a medida que pasan los años, existe un alto nivel de inclusión institucional a distintos servicios educacionales, sanitarios, entre otros.
¿Cómo solucionar este problema?
La investigadora planteó que se tienen que elaborar políticas públicas para que los niños, niñas y adolescentes y sus familias salgan de los campamentos, especialmente a barrios donde “exista una convivencia vecinal” adecuada. “Hay que poner la atención en cómo pasan estas familias de vivir desde una informalidad de, no solamente habitacional, sino que también de reglas sociales, de formas de comportamiento, formas de uso del espacio público, a una forma de convivencia y de cohesión social donde, por supuesto que el entorno material ayuda”, dijo.
El desafío no es solo entregar una casa, sino también acompañar a las familias en el tránsito desde la informalidad hacia nuevas formas de convivencia social. La experiencia de los barrios transitorios, presentes en algunas zonas del norte y centro del país, demuestra que en un entorno ordenado, con limpieza y acuerdos de convivencia, los niños “empiezan a tener muchísima menos exposición a la violencia, y las niñeces siguen conectadas con la inclusión institucional“, agregó.
La integración de las personas habitantes de campamentos es otro punto relevante, ya que esta debe ir acompañada de un empleo formal, capacitaciones y acompañamiento en la búsqueda laboral. “Es muy importante, la capacidad de los hogares de generar autónomamente ingresos y eso hay que acompañarlo tanto en capacitación como en acompañamiento para la búsqueda laboral. Y eso es muy importante para los niños y niñas que sus hogares tengan esa estabilidad, porque de ahí también depende su bienestar”, explicó Palacios.
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