Todos nosotros hemos perdido algún familiar o persona muy querida. Sabemos el dolor que eso causa. Yo soy padre y no me podría imaginar el dolor de perder a mi hija, sabiendo que quienes han sufrido esa pesadilla dicen que uno nunca se recupera verdaderamente.
Por eso, ¿cómo deber ser el dolor de alguien que perdió al mismo tiempo a su esposo, dos hijos, su nuera y al nieto o nieta que ella esperaba? Ese martirio vivió Ana González por más de 40 años hasta su muerte este viernes.
Una angustia que debe ser mucho peor sabiendo que no fue por un accidente o enfermedad, si no que por obra del Estado que supuestamente debe protegernos a todos.
¿Y si a todo esto sumamos que ella nunca supo qué les pasó, donde están, ya sea vivos o muertos? Independiente de cualquier contexto o posición política y muy sinceramente, espero que nadie más en cualquier parte del mundo viva algo como lo que ella padeció.
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