María Luisa Sepúlveda y su lucha por la memoria de las víctimas de la dictadura: “Los familiares tienen derecho a saber qué pasó, aunque pase el tiempo”

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En conversación con CNN Íntimo, María Luisa Sepúlveda, trabajadora social y presidenta emérita del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, repasó más de cinco décadas de trabajo vinculadas a la defensa de los derechos humanos.

Desde sus primeros años profesionales durante la dictadura hasta su participación en las comisiones de verdad y en la creación del Museo de la Memoria, su trayectoria ha estado marcada por el acompañamiento a víctimas y familiares.

A más de 50 años del golpe de Estado, Sepúlveda recordó cómo llegó a involucrarse en la defensa de los derechos humanos y cómo, siendo una joven trabajadora social, comenzó a recibir a familiares que buscaban a personas detenidas o desaparecidas.

La trabajadora social también abordó el impacto que esas experiencias tuvieron en su vida, la importancia de la verdad y la justicia, y su preocupación por discursos que, a su juicio, vuelven a poner en cuestión el valor de los derechos humanos.

Más de cinco décadas acompañando a víctimas

Al recordar sus primeros años como trabajadora social, Sepúlveda explicó que su acercamiento a las problemáticas sociales comenzó durante su etapa universitaria. Tras el golpe de Estado, llegó al Comité Pro Paz a comienzos de 1974, donde comenzó a atender directamente a familiares que buscaban a sus seres queridos.

Ese trabajo también significó acompañar a familiares a la morgue para intentar reconocer a las víctimas: “Me encontraba muchas veces con nada(…). A veces nos encontrábamos con cuerpos que no era posible reconocer. Por ejemplo, se les había sacado parte de la piel del rostro, o se les había sacado la yema de los dedos, etcétera, para el no reconocimiento”.

“Eso fue más o menos en el 76, con los cadáveres que se encontraron en el cajón del Maipo, que ahí fueron muchos. Y obviamente que pertenecían a los detenidos del Partido Comunista de ese año, pero no fue posible reconocerlo, porque no había voluntad. O sea, el Servicio Médico Legal en ese momento era uno de los brazos de ayuda del sistema represivo“. agregó.

Explicó que el trabajo colectivo entre quienes participaban de esas labores les permitía procesar lo que estaban viviendo. “No era yo sola, éramos muchos, y eso nos daba fuerza. Todos los días antes de irnos, cuando trabajábamos en el comité, tomábamos té y ahí conversábamos las cosas que más nos habían impactado, y era una manera de irse un poquito más liviano a las casas”.

Verdad, justicia e indultos

Para Sepúlveda, el paso del tiempo no elimina el derecho de las familias a conocer qué ocurrió con sus seres queridos. “Los familiares tienen el derecho a saber qué pasó, aunque pase el tiempo. Porque se dice ‘no, son 50 años, son 40 o menos’. ¿Quién es uno para decir que ya ha pasado mucho tiempo? Se nota que los que dicen eso no lo han vivido”.

En esa línea, también se refirió al debate sobre eventuales indultos a personas condenadas por delitos vinculados a violaciones de derechos humanos. Para la presidenta emérita del Museo de la Memoria, cualquier decisión de este tipo debe partir de reconocer los hechos establecidos por la justicia.

“Un indulto tiene que enfrentarse con la verdad, porque de repente se dice: ‘hay que indultar porque no hicieron nada’. Me ha tocado escuchar que algunos presos de Punta Peuco o de la cárcel San Miguel, las mujeres, no tuvieron ninguna participación, que eran muy jóvenes, secretarias, administrativos, etc., pero no conozco a ningún abusador que reconozca su abuso”, agregó.

“Cuando se plantea, que no se diga que no tenían a qué ver, que se diga que en esta circunstancia que fue condenado por estas razones, igual quien indulta diga que lo indulta en esas razones, no en una razón de que se invalide el juicio, que se invalide la condena, porque atentamos también contra el valor de la justicia”. En ese sentido, agregó: “Distinto es decir que ‘en las circunstancias de que esta persona cometió tales y tales delitos, fue condenado por ello, yo lo indulto’. Eso es otro tema”.

A 53 años del golpe de Estado, Sepúlveda también expresó su preocupación por discursos que, a su juicio, vuelven a cuestionar los derechos humanos. “(Hay discursos) de odio, de invalidar lo que es la normativa de derechos humanos a nivel nacional e internacional. O sea, hemos vuelto a generar un discurso que más nos divide y que nos acerca. Este cambio cultural que se nos propone, que va a cambiar, parte por no creer en los derechos humanos o tener una visión de los derechos humanos que deja fuera a muchos”.

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