Lucía Newman ha dedicado más de cuatro décadas a recorrer América Latina como corresponsal internacional, primero durante 20 años en CNN y actualmente como editora para Latinoamérica de Al Jazeera English, siendo testigo de algunos de los episodios más relevantes de la historia reciente del continente.
Nacida en Londres en febrero de 1952, es hija de una diplomática chilena y de un corresponsal del New York Herald Tribune; pasó su infancia entre distintos países, aunque asegura que siempre sintió un vínculo especial con Chile. Fue esa misma conexión la que la llevó a instalarse en Santiago para estudiar Periodismo.
En un nuevo capítulo de CNN Íntimo, la periodista repasó su trayectoria, recordó cómo nació su vocación, habló de los desafíos de ejercer el periodismo en Cuba y compartió su mirada sobre el complejo escenario político latinoamericano, además de reflexionar sobre el costo personal que ha significado su profesión.
“He vivido en casi todas las partes del mundo siendo periodista, pero quizás lo mejor de todo es que tengo dos hijas divinas. Me gusta bailar, me gusta conversar, amo mi profesión y actualmente vivo en Chile y es el país que más quiero“, reflexiona en conversación con la periodista Matilde Burgos.
Una vida dedicada a contar historias
Aunque creció viendo de cerca el trabajo de su padre, Lucía asegura que su vocación nació más de la fascinación que de la admiración, ya que desde pequeña escuchaba conversaciones entre diplomáticos, políticos y corresponsales, sin entender del todo lo que ocurría, pero queriendo formar parte de ese mundo.
“Lo admiraba, pero más que nada me fascinaba lo que él hacía. Mi papá trabajaba en el New York Herald Tribune; después fue el jefe de la página editorial del Herald Tribune en las Naciones Unidas. Yo lo acompañaba muy a menudo; se codeaba con presidentes, con personas muy importantes (…). Desde que tenía tres o cuatro años, me sentaba en la falda del embajador de la India a escuchar estas conversaciones apasionadas entre los políticos y los diplomáticos”, relató.
Con el tiempo comprendió que aquellas conversaciones eran periodismo y habían despertado en ella un interés en particular por la política internacional. “Me entretenía, aunque no lo entendía. Creía que ellos eran discutidores profesionales. No sabía que eso se llamaba periodismo, lo que hacía mi papá. Pero fuera lo que fuera, me empezó a interesar mucho la política, especialmente la internacional. A los seis años sabía de la revolución en Cuba y cosas así, y me importaba”, sostuvo.
Ese interés la llevó a tomar una decisión que cambiaría su vida. Recién cumplidos los 18 años, se instaló en Chile para estudiar Periodismo, impulsada por una conexión con el país. “Creo que yo sentía que Chile me tiraba más que Estados Unidos. Yo no me sentía muy estadounidense. Lo único que era permanente para mí era Chile. Y hasta ahora sigue siendo así, por eso estoy aquí. (…) Entonces me vine muy jovencita y me matriculé en la Universidad de Chile a estudiar periodismo”.
Sin embargo, el golpe de Estado de 1973 interrumpió esa etapa. “No duré mucho (en Chile). Fue traumático el golpe. Muchos de nuestros amigos de la universidad murieron, fueron arrestados y desaparecieron; otros se fueron del país. (…) La escuela cerró y encontré un trabajo en la embajada de Australia. Estaban buscando traductores para ayudar a personas perseguidas. Un día me dijeron: ‘¿Y tú por qué no te vas a Australia?’. Me fui para terminar mi carrera allá porque lo que parecía que iba a durar un mes o dos meses no se acababa y la escuela no se abría”.
Con el paso de los años llegaron las coberturas internacionales, las guerras y una vida marcada por los viajes permanentes. Si bien reconoce que esa dinámica terminó convirtiéndose en parte de su rutina, admite que el costo fue alto en algunas ocasiones: “A veces te juega una mala pasada con tu vida personal. Las cenas que tenías preparadas y tienes que cancelar, o que se vengan todos a tu casa y tú nunca llegaste. Cumpleaños de los hijos que no llegaste a celebrar, incluso Navidad, Año Nuevo… eso es difícil. Lo otro es entretenido”.
Pese a todo, la destacada periodista y corresponsal internacional asegura que la motivación sigue siendo exactamente la misma que cuando comenzó, afirmando que “me mueve -y ahora más que nunca- el querer ser testigo de las cosas. Verlas con mis ojos y hablar con la gente yo misma, no leer la interpretación de otros. Muchas veces también denunciar las injusticias, la corrupción; siento que ese es nuestro papel, y para hacerlo hay que estar en la pelea, hay que estar ahí”.
El periodismo, América Latina y las historias que aún quedan por contar
Después de más de 40 años recorriendo la región, Newman observa con preocupación el escenario político latinoamericano. Aunque reconoce que cada país vive una realidad distinta, advierte que el continente continúa moviéndose entre extremos, sin lograr responder a las principales demandas de la ciudadanía.
“Estamos viendo lo que hemos visto antes. Cuando empecé a ser periodista, éramos casi todos dictaduras militares en América Latina. Después el péndulo se fue a un momento en que éramos casi todos países de izquierda. Ahora se está yendo de nuevo para la derecha, porque ni la izquierda ni la centroizquierda han podido resolver las necesidades más básicas de la gente“, reflexiona al respecto.
Uno de los casos que más llama su atención es El Salvador. Aunque cuestiona las vulneraciones a los derechos humanos en el gobierno de Nayib Bukele, reconoce que entiende el respaldo que mantiene. “No estoy de acuerdo con muchísimo de lo que él está haciendo, es antidemocrático, ha violado derechos humanos, pero yo he visto a ese país vivir bajo la tiranía de las maras y de la corrupción durante décadas (…) Entonces llega Bukele y les pacifica el país. Tú dices: ‘No me importa nada más’. Puedo entender eso. No lo justifico, pero lo entiendo“.
También abordó el trabajo que realiza en Al Jazeera English, medio que —asegura— suele ser objeto de prejuicios por su origen en Qatar, pero que, según afirma, opera con plena independencia editorial. “Es como la competencia de la BBC, de CNN Internacional. A mí nunca me han censurado. Jamás“.
Consultada por la objetividad en el periodismo, Newman planteó que la neutralidad absoluta es imposible, pero que el compromiso debe estar puesto en el equilibrio y la ética. “A veces no hay que ser neutral. Yo creo que la neutralidad… es difícil ser imparcial porque somos personas, seres humanos. Lo que sí se puede manejar mucho más es el equilibrio“, reflexionó al respecto.
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