A tombolazo limpio terminó la elección del nuevo presidente de la Cámara de Diputados y Diputadas.
La incapacidad del sistema político de ponerse de acuerdo hizo que, en última instancia, se jugara el cara o sello quién dirigirá un espacio republicano tan relevante, o que debiera serlo.
Luego de ese bochorno, los anteriores vicepresidentes Aedo y Rivas, decidieron jugar al que fue a Melipilla perdió su silla, o a las sillitas musicales cuando para la música. A pesar de que sus periodos vencieron, decidieron apernarse, literalmente, dado el caos y la incapacidad de ponerse de acuerdo para elegir a sus sucesores.
La tómbola, el cara y sello, la silla musical…sea cual sea el juego, el resultado es simplemente patético.
Ya está bueno trivializar y banalizar las instituciones y procesos republicanos, y transformar todo en una chacota. Los adultos que juegan juegos de niños se ven solo de un modo: mal.
El daño es para el prestigio de cada cual, pero sobre todo, para la institucionalidad chilena, y el respeto y la autoridad que deben emanar de ellas y de quienes ocupan los cargos de representación.
La disfuncionalidades, falta de disciplina, de seriedad y hasta de decoro realmente han llegado a un límite.
Basta de juegos.
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