Este miércoles parte la campaña para la elección municipal y regional de octubre. Llegarán otra vez los volantes, las palomas, las gigantografías, las promesas. Como cualquier elección.
Ojalá que, esta vez, haya algo que no esté presente: los modos hostiles y odiosos de denostación del adversario político, síndrome en que han caído varios sectores, pero cuyo epítome fue una de las campañas en el plebiscito pasado, que llamaba a votar “para que se jodan” los rivales políticos.
Aquel modo de buscar adhesión, movilizando rabia y resentimiento, puede ayudar o no a ganar votos, pero lo que es claro es que no ayuda nada a construir algún tipo de acuerdo posterior que permita avanzar.
El último estudio del PNUD es claro al respecto: la gente está cansada de las peleas, el revanchismo, de las vendettas que perciben como incesantes en las élites. Las culpan, y villanizan, porque por sus trifulcas Chile no da curso a los profundos y graduales cambios que anhelan, y que esperan, incluso con paciencia.
No hay duda de que tiene enormes costos, para el país y para los grupos políticos, atizar el fuego de emociones negativas como son el rencor y el miedo, en vez de mostrar su visión para el país y debatir sobre cuáles propuestas son mejores.
Al otro día de estas elecciones, y de todas las elecciones, seguiremos viviendo todos juntos en la misma tierra, y compartiendo el mismo destino.
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