Jorge Quiroz es el ministro más antiguo de este gobierno, porque oficiaba de ministro de Hacienda in pectore mucho antes de que José Antonio Kast ganara la segunda vuelta presidencial.
El diseño de funcionamiento de este gobierno es con la conducción económica entregada sin contrapesos al ministro de Hacienda y la conducción y control político a Alejandro Irarrázaval en el segundo piso. Ambos compartieron roles claves en la conformación de este gabinete, con mayoría de debutantes en la función pública e independientes sin trayectoria política previa.
Del regreso obligado del segundo piso a su función de asesoría presidencial hablaremos otro día. Ahora me referiré a cómo la pretensión de conducir el país desde la economía encuentra sus límites en la sociedad y en la política.
En la sociedad, porque la decisión económica de Quiroz de traspasar de una sola vez el alza de los combustibles a las personas provocó un efecto social que dejó en minoría a un gobierno que iniciaba su mandato con inéditos niveles de apoyo electoral. Y en la política, porque de no ser por la intervención in extremis de los ministros Alvarado y García, el paquete de amortiguación de los efectos del alza habría naufragado en el Congreso.
Jorge Quiroz partió diciendo que su rol no era ser simpático ni popular, lo que es cierto. Pero que los ministros portavoces de los principales compromisos gubernamentales —recuperación económica y retroceso de la inseguridad— estén entre los menos estimados por la población representa un peso que perjudica severamente al gobierno.
Ahora lo escuchamos decir en un seminario que se va a encadenar, a propósito de la crítica de reputados economistas de distintos sectores a su propuesta de subsidio al empleo formal.
Aferrarse a sus ideas como si fueran una prisión no es la disposición que se requiere, ministro, para sacar adelante su tarea. Libérese de las cadenas, dispóngase a conversar, hágase cargo del riesgo real de profundizar el déficit fiscal que representa su proyecto, ábrase a alternativas de ingresos tributarios compensatorios, dialogue de verdad con todos los que estén dispuestos a hacerlo, no desconsidere los temores al retroceso de beneficios sociales, busque soluciones creativas, aproveche que por fin todos (o casi todos) comparten que necesitamos con urgencia volver a crecer.
El país se lo va a agradecer.
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