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Este video ha sido sin duda la noticia más comentada del día. En él se ve al presidente de Gasco, Matías Pérez, expulsando a tres mujeres de la ribera del Lago Ranco. Un video que dura dos minutos, hasta que Pérez le arrebata a una de las mujeres el celular con que grababa el incidente.
Más allá de la discusión de si estas personas estaban un metro más allá o más acá del borde de la playa, que es público, llama la atención la prepotencia con que actúa Pérez. ¿Cómo es posible que se sintiera tan amenazado por tres mujeres que disfrutaban tranquilamente de un día de playa? Y que, lejos de pedir disculpas, hasta ahora sólo ha dicho que “pondrá la otra mejilla”, como si él hubiera sido víctima de una agresión y no el victimario.
Algo nos dice este registro sobre una sociedad segregada, en que nos damos la espalda en nuestra vida cotidiana, nos aislamos en cotos privados y evitamos compartir en espacios públicos.
Cuando no se conoce al otro, es fácil verlo como una amenaza, como un extraño al que hay que expulsar de la peor forma, aunque se trate simplemente de tres mujeres que querían pasar un día tranquilo contemplando la belleza de un lago del sur.
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