“El Estado aporta más a la previsión de las Fuerzas Armadas que al Pilar solidario”, dijo hoy el Presidente Piñera. Y tiene razón. De nuestros impuestos sale más dinero para subvencionar a 170 mil pensionados militares, que al millón 300 mil jubilados más pobres.
Claro, porque cuando la dictadura impuso el sistema de AFP, lo hizo con un pie de página. Los militares se quedarían al margen de este sistema tan maravilloso para el resto de los chilenos. Ellos se sacrificaron quedándose en un sistema de reparto, con pensiones fijas que hoy promedian casi 1 millón de pesos, y llegan a los 2 millones 300 mil en el caso de los oficiales en retiro, sumados a algunos civiles que logran colarse por la ventana, como vimos en los jubilazos de Gendarmería.
Es un toro que ningún gobierno se ha atrevido a tomar por las astas. La reforma de la Presidenta Bachelet en 2008 no tocó a las Fuerzas Armadas, y hoy el Presidente Piñera se limitó a sugerir alargar en 5 años la carrera militar.
Eso es necesario, sin duda. También revisar los sueldos en las Fuerzas Armadas, para ver cómo se comparan con los salarios de mercado y con la experiencia internacional. Pero no puede ser que a 28 años de terminada la dictadura, no nos atrevamos siquiera a discutir un asunto de toda lógica: que militares y civiles vivimos en un mismo país, y debemos aportar y recibir para nuestras jubilaciones, con justicia y sin privilegios aberrantes.
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