Vivimos muchos años bajo la ilusión de la paz. En los años 90, los que crecimos en esos años lo hicimos bajo el consenso de Washington, la globalización feliz, la famosa tesis de Fukuyama respecto del fin de la historia, según la cual los grandes conflictos ideológicos y militares habían acabado.
Construimos instituciones, reglas y una paz global que estaba fundada en aquellas ideas. Un ensayista español lo ha explicado muy bien en un libro llamado La trampa del optimismo. Fuimos optimistas porque pensamos que la paz iba a durar, y sin embargo, hoy sabemos que esas ideas estaban equivocadas, porque el conflicto está —lamentablemente, nos guste o no— de regreso.
El mundo en paz, o la paz definitiva, o la paz eterna, fue un paréntesis y una excepción en la historia de la humanidad. De hecho, si uno mira esos 20 o 30 años —lo máximo que duró—, comparado con la historia de la humanidad, es exactamente nada.
Por tanto, Para comprender el movimiento del mundo, tenemos que comprender el conflicto que va a gobernar al mundo en los próximos años, y por supuesto, saber movernos en ese mundo muy difícil y muy complejo que se nos viene.
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