31 de marzo, hoy, miles de alumnos siguen sin clases en el sistema público de educación en Magallanes. El verano ya es largo, y quienes somos padres sufrimos en marzo porque a nuestros niños —al menos a los míos, sin comprometer a nadie— les cuesta mucho retomar el ritmo de estudio.
Imagínense cuando no son tres, sino cuatro meses sin clases. No es solo un mes perdido, sino que significa aún más dificultades para recuperar el ritmo escolar.
Esto afecta, por supuesto, a los sectores más vulnerables de la zona. Piensen, por ejemplo, en los alumnos de cuarto medio que deben preparar la PAES. Ellos ya tienen un mes menos de preparación y, por tanto, compiten en condiciones muy desventajosas frente a otros estudiantes.
El problema, sin duda, está relacionado con los SLEP. Ya el año pasado vimos esta situación en otras regiones del país: problemas de diseño, problemas de implementación, o quizás ambas cosas. La pregunta es: ¿realmente sabemos qué está fallando?
¿Se repetirá este problema en otras zonas cuando haya nuevas negociaciones con los profesores que no se resuelvan bien? No lo sabemos. ¿Le importa esto realmente a alguien en el sistema político chileno? La Fundación Escuela Abierta hace un esfuerzo por visibilizar esta situación, pero parece que al sistema en general no le interesa demasiado.
El año pasado fue Atacama, este año es Magallanes. ¿Quién será el próximo?
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