Evelyn Matthei sufrió una dura derrota hace unos días. Desde luego, una derrota personal, pero también institucional: fue la derrota de Chile Vamos.
Por eso es tan interesante la discusión o, no, me corrijo, es mucho decir discusión: la batahola que se ha generado al interior de la coalición de centroderecha. Algunos se apresuraron en dar por muerta la alianza, otros quisieron postergar la discusión, otros simplemente no responden la pregunta.
En el fondo, como diría la presidenta del Partido Socialista, no parece haber intereses comunes. Sobre esto, tres reflexiones.
La primera: la derrota de Matthei era predecible y, por tanto, la falta de libreto respecto a la reacción —o al tipo de reacción— luego de la derrota, parece confirmar la tesis de que Chile Vamos no goza de buena salud ni nada parecido, porque no hubo un discurso construido ni una elaboración, sino mera improvisación.
Segunda: la muerte de Sebastián Piñera produjo una crisis de liderazgos en Chile Vamos, y los partidos no han sabido sustituir ese liderazgo. Piñera no está, el piñerismo tampoco existe, ¿qué es entonces Chile Vamos?
Y tercera reflexión: si Chile Vamos no piensa en esto, no conversa y no logra construir un proyecto político digno de ese nombre en las semanas que vienen, va a ser absorbido por la hegemonía republicana, si es que José Antonio Kast gana la elección presidencial.
Desafíos tiene Chile Vamos en las semanas que vienen, como puede verse.
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