El gobierno logró una promesa, una promesa impensada, una promesa que requiere talento —talento inverso, en todo caso—, que es convertir el tema que llevó a José Antonio Kast al poder, que es la seguridad, en un problema; convertir en pocas semanas un activo en un pasivo y convertir el tema que más conectaba al gobierno con la ciudadanía en una discusión constitucional, que es precisamente aquello de lo cual los chilenos están completamente cansados.
Esta semana el gobierno debería estar celebrando los cuatro años del rechazo de la coalición del 62% y que los chilenos le hayan dicho que no a un proyecto, este sí, muy iliberal.
¿Por qué el gobierno está en esta situación tan extraña apenas seis meses después de haber alcanzado el poder? Pues bien, porque le falta elaboración política; le falta, le falla cruelmente haber elaborado políticamente las consignas de campaña que tan bien funcionaron el año pasado para transformarlas en programa de acción.
Son esas consignas que, como tales, han dejado de funcionar y que, mientras no sean transformadas en política, se van a convertir sistemáticamente en un boomerang.
Si el gobierno no corrige pronto su déficit de política, va a seguir enfrentando problemas extraordinariamente graves.
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