Casi todas las discusiones de si la votación debiera ser voluntaria o debiera ser obligatoria, si debiera haber multa o no para quienes no votaron y si sufragar es o no obligatorio. Son sin duda temas y decisiones importantes, pero ¿por qué se debe obligar a la ciudadanía en una democracia que tiene como valor esencial la posibilidad de decidir quiénes nos representan?
¿Acaso no debiera ser del más alto interés de los votantes el ir a dejar su opinión sobre quiénes debieran representarlos? La respuesta es feroz. La gran mayoría quiere que Chile sea una democracia, pero ejercer el más importante de los derechos democráticos, elegir a las autoridades, no parece que a millones le parezca relevante.
La solución a mi parecer no es obligar a votar, sino educar en el valor democrático y eso tiene que ver con reponer, ojalá, educación cívica a nivel escolar, por ejemplo, como optativo antes que amenazar con multas que no llegan nunca a quienes no van a votar.
La educación cívica asocia al ser humano ciudadano de un país con su responsabilidad mayor que es nombrar a sus representantes. Cuando eso no aparece como algo realmente importante, entonces uno tiene y corre el riesgo de valorar la democracia solamente cuando se pierde, cuando se pierde y no cuando se está viviendo.
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