Bien merecida. Es la reacción visceral de muchos frente a la agresión a los dos detenidos por el horroroso crimen de una mujer. Más rabia genera en algunos el que se trate de extranjeros.
Porque el crimen fue brutal. Porque quienes lo cometieron no tuvieron piedad alguna y porque su falta de humanidad hasta el punto de reírse de lo ocurrido es escalofriante.
Lo popular es subirse a esa ola, pero no es lo justo. Todo el rigor de la ley para los culpables del asesinato de una inocente, sí. Pero todo el rigor de la LEY; no permitir ni alentar que otros se deshumanicen torturándolos. Como bien dijo el Ministro de Justicia, se violan los DD.HH. humanos en nuestras narices.
Justamente porque no queremos convertir en víctimas a los agresores. No queremos ver a nadie recibiendo golpes, ni electricidad. En el debate público nuestro deber es recordar esos principios que nos resguardan a los países civilizados.
Esta agresión no es tomar la Justicia en las propias manos, porque aquí el sistema judicial está funcionando. Otra discusión es si queremos que sea más severo, pero esto dos imputados no están zafando impunes, y arriesgan presidio perpetuo calificado.
La pena para un crimen es la pérdida de la libertad no la pérdida de la dignidad ni menos la tortura. Porque esas vejaciones además no reparan en nada la irremediable pérdida de una víctima inocente, Margarita Ancacoy.
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