En el borrador de la nueva Constitución aprobada por la Comisión Experta se establece lo siguiente: “La Ley favorecerá el acceso igualitario de mujeres y hombres a los mandatos electorales y a los cargos electivos y promoverá su participación en condiciones de igualdad, en los distintos ámbitos de la vida nacional. El Estado garantizará el ejercicio de la ciudadanía plena de las mujeres”.
Es una redacción que deja con gusto a poco, pues no establece explícitamente la democracia paritaria. Se ha dicho que se inspira en la norma francesa, insuficiente si consideramos que un 37% de los miembros del parlamento francés son mujeres, pocos puntos porcentuales más que en Chile.
Hay un descontento transversal -no de izquierda o derecha- entre mujeres del mundo político con esta redacción.
Una senadora de Chile Vamos ha comentado que incluso propondría una reforma constitucional para modificar la actual redacción si se aprueba. Si queremos renovar los principios de nuestra democracia para hacerla más vigorosa y justa, debemos establecer en sus cimientos principios orientados a acortar la brecha histórica entre hombres y mujeres.
Evidencia de las desigualdades de género hay de sobra. La normativa debe incluir que la democracia chilena es representativa, participativa, paritaria y pluralista.
Esto implica garantizar la igual representación de hombres y mujeres en órganos colegiados de elección popular y que el Estado promueva la participación equilibrada en las demás instituciones públicas, así como en el resto de la sociedad, incluido el ámbito privado.
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