Asma y EPOC: Por qué Chile normaliza síntomas que nunca deberían ignorarse

Por José Ferrada
Paciente realiza un examen de función pulmonar para detectar asma o EPOC.

 

La salud respiratoria de la población chilena presenta un problema de fondo: la normalización de síntomas que deberían encender alertas tempranas. Así lo explica el doctor Jorge Dreyse, broncopulmonar y jefe del Centro de Medicina Preventiva de la Clínica Las Condes, quien participó en el podcast “Lo que la ciencia puede hacer”, una coproducción entre CNN Chile y AstraZeneca conducida por Macarena Morales.

El asma, una enfermedad genético-ambiental

Según Dreyse, el asma corresponde a una enfermedad con componente genético y ambiental, cuyo desarrollo depende tanto de antecedentes familiares como de la exposición a factores como contaminación, humo de leña o polen. Entre sus señales de alerta destaca una tos que persiste más de diez días tras un resfrío, sensación de opresión en el pecho y silbidos al respirar, especialmente durante la noche.

El especialista enfatiza que el asma bien tratada permite llevar una vida completamente normal, incluida la práctica deportiva. Según explica, entre un 10% y un 20% de los deportistas olímpicos son asmáticos, lo que desmiente la idea de que esta condición limita la actividad física.

EPOC: una enfermedad silenciosa que ya es la tercera causa de muerte mundial

Respecto a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), Dreyse señala que aproximadamente el 50% de los casos globales se asocia al consumo de cigarrillo, mientras el resto se vincula a enfermedades crónicas no tratadas, exposición a humo de leña o contaminación ambiental. A diferencia del asma, la EPOC puede provocar enfisema, es decir, la destrucción de los alvéolos pulmonares, lo que dificulta el intercambio de oxígeno.

El especialista advierte que la EPOC se posiciona actualmente como la tercera causa de muerte a nivel mundial, superando en las últimas décadas su posición histórica dentro de las estadísticas globales de mortalidad. En Chile, según Dreyse, fallece un paciente asmático cada tres días en promedio, generalmente personas que abandonan su tratamiento o se exponen a actividades de riesgo sin sus medicamentos.

En cuanto a las herramientas de diagnóstico, el especialista destaca la espirometría como examen principal, complementada con pruebas de aire expirado y escáneres de tórax de baja radiación. Sobre los tratamientos, subraya la evolución de los inhaladores en la última década y el desarrollo de medicamentos biológicos, actualmente disponibles dentro del programa GES para pacientes asmáticos que cumplen ciertos criterios clínicos.

Finalmente, Dreyse destaca la actividad física regular como un factor protector clave para la salud respiratoria, incluso en personas con capacidad pulmonar reducida desde la niñez. También recuerda la importancia de la vacunación contra la influenza y el neumococo, además de los anticuerpos monoclonales disponibles para prevenir el virus respiratorio sincicial en lactantes.

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