Está todo pasando en el mundo de la tech: las tomas de posición de los fundadores y CEOs de los gigantes de la IA se multiplican. El ritmo es frenético, proporcional a la rapidez con la que se está desarrollando la inteligencia artificial.
En su último ensayo, el CEO de Anthropic, DarIo Amodei, remeció el debate regulatorio afirmando que “no estamos lejos de ver multiplicarse los riesgos ligados a la autonomía de la IA misma”.
Amodei enfrenta directamente un conocido dilema hayekiano: por un lado, promover la innovación sin colocar frenos y, por el otro, garantizar la seguridad de todos. Este dilema clásico hoy tiene a esa corriente intelectual tan vinculada a la tecnología, el “aceleracionismo”, en medio de una polémica interna.
Amodei y, por tanto, Anthropic están demandando una mayor intervención del gobierno en el ámbito de la IA. En tal sentido, el decreto de la administración Trump, del 2 de junio de 2026, va en la dirección correcta, pero es insuficiente.
Para Amodei es inminente que la IA origine un mundo “en donde el cursor de los compromisos económicos se encuentre bloqueado en el arreglo hiper-crecimiento, hiper-desigualdad”.
Las posibilidades de la IA son fantásticas: el patrón de Anthropic lo ve bien en el progreso biomédico, cuya aceleración en materia de medicamentos pronto dejará atrás a las agencias gubernamentales estadounidenses, acostumbradas a que un nuevo remedio pase por un proceso reglamentario de 7 y 8 años.
La lentitud de los Estados puede frenar progresos tan relevantes como en salud mental, cuyos medicamentos podrían tener “un efecto estabilizador sobre la sociedad”.
Pero la IA es también generadora de grandes amenazas: para las democracias, para las libertades civiles y para el empleo, cuya destrucción veloz y a gran escala es peligrosa.
Son todas estas cosas las que hay que regular, partiendo por la vigilancia de masa y las armas autónomas.
Hay todo un campo de disputa en materia aceleracionista: ya no es tan evidente acelerar a como dé lugar, sin entrabar la innovación para que emerja un nuevo mundo que eventualmente puede ser post-humano.
La lucha es entre aceleracionistas radicales —del tipo Peter Thiel, Marc Andreesen o Elon Musk— y agentes que perciben riesgos civilizacionales —como Sam Altman, Dario Amodei o Christopher Olah—.
Esto está recién empezando.
Lo más leído
- Alejandro Sepúlveda recuerda a Abraham Santibáñez: “Tuve la suerte de ser su ayudante en la universidad durante varios años”
- Daniel Mansuy tras acuerdo de paz con Irán: “Esta historia está lejos de terminar y el problema iraní sigue más vivo que nunca”
- Guillermo Ramírez (UDI) y el debate por la megarreforma: "No nos gustan mucho las compensaciones" y es partidario de "una nueva rebaja más adelante" del impuesto corporativo
- Alfredo Joignant y el debate sobre la IA que divide al mundo tech: “La lucha es entre aceleracionistas radicales y agentes que perciben riesgos civilizacionales”
- Diputado Ramírez (UDI) por posible AC contra Boric: "Yo no votaría jamás una acusación constitucional contra un presidente"