Chile enfrenta el desafío de superar su histórico centralismo, que ha concentrado la mayoría de los recursos, decisiones y oportunidades en Santiago. Este modelo ha generado profundas desigualdades, especialmente en lo que respecta a empleo, salud y educación fuera de la capital.
Juan Pablo Rodríguez, director de la Fundación Piensa, sostiene que la descentralización no debe ser vista como un riesgo para la gobernabilidad, sino como una oportunidad para mejorar la calidad de vida en las regiones y fortalecer la democracia.
Según Rodríguez, tomar decisiones más cerca de los problemas permite soluciones más eficaces y ajustadas a las realidades locales. Además, subraya que la descentralización no es un tema político exclusivo, sino un proceso que debe ser impulsado por todas las regiones, cada una asumiendo la responsabilidad de gestionar sus propios recursos.
Desafíos y oportunidades para el proceso
El proceso de descentralización también involucra la elección de gobernadores regionales, cuyo poder ha aumentado en los últimos años. Sin embargo, Rodríguez destaca que los gobernadores aún no han aprovechado las herramientas disponibles para impulsar verdaderos cambios, lo que limita el alcance de este proceso.
La descentralización, más que un tema político, es una cuestión de cohesión social. Repartir el poder entre las regiones y el centro es clave para construir un Chile más equitativo y participativo. Solo así se podrá reconstruir el tejido social y fomentar la confianza en la democracia.
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