Clara Sandoval y Ricardo Grillet son dos mundos distintos unidos por una pasión común: la gastronomía. Ella, cocinera y madre de tres hijos, tiene un puesto de comida llamado “El sazón de Clarita” donde vende sopaipillas y empanadas. Él, sommelier y administrador hotelero, padre de dos, dedica su vida a enseñar a disfrutar el vino chileno. Ambos comparten una trayectoria marcada por el esfuerzo y el deseo de ofrecer lo mejor de sí mismos a sus clientes y familias.
Historias de esfuerzo y perseverancia
Clara, nacida en Iquitos, Perú, llegó a Chile buscando un futuro mejor. Desde pequeña, su infancia estuvo marcada por carencias, como no tener una mochila para llevar sus útiles escolares.
Sin embargo, su pasión por la cocina la llevó a emprender y a establecer su propio negocio, donde cada empanada lleva el sabor de su dedicación. “A mis hijos no les falta lo que a mí me faltó“, afirma con orgullo.
Por su parte, Ricardo creció rodeado del esfuerzo de su padre, quien trabajaba lavando uniformes de equipos de fútbol y vendiendo flanes caseros. Hoy, Ricardo busca educar a más personas sobre el vino, convencido de que Chile aún tiene mucho por aprender en gastronomía. “El vino es un embajador de Chile en el mundo“, señala.
Al final de su encuentro, Clara y Ricardo celebran sus diferencias y coincidencias. “Una buena comida es algo que te deja contento“, dice ella. “El vino es una forma de conectar“, concluye él. Unidos por su amor a la gastronomía, ambos demuestran que con esfuerzo y pasión se puede construir una vida mejor.
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