“Estamos jugando solos” decía hace apenas dos semanas, en la portada de reportajes de El Mercurio, el asesor del segundo piso de La Moneda Mauricio Rojas. No sospechaba que él mismo se convertiría en la comprobación más insigne de esa frase. Porque cuando se juega solo, el riesgo son los autogoles. Como el monumental autogol de media cancha que acaba de protagonizar el propio Rojas.
Son dos cambios de gabinete en apenas 90 horas. El fin de semana de pesadilla del gobierno comenzó con la salida del ministro Varela, por declaraciones polémicas, y terminó con la salida del ministro Rojas, por exactamente la misma razón. Un cambio que el jueves intentaba terminar los autogoles terminó provocando uno mucho peor.
Los casos de Varela y Rojas tienen mucho en común. Ambos fueron apuestas personales del Presidente, que en vez de políticos o expertos en sus áreas, designó por sorpresa a dos de sus orejeros, sin los chequeos que deberían ser de rigor.
¿No supo el Presidente de las frases escritas por Rojas en un libro y repetidas en entrevistas? ¿No les concedió importancia a la hora de nombrar a su asesor a cargo de la institucionalidad cultural y los museos de Chile?
Como sea, una vez más La Moneda tropieza con la misma piedra. La de poner la amistad y las relaciones personales por encima de la política.
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