No es un concurso de simpatía ni del mejor compañero. La de noviembre es la elección presidencial y el momento en que decidimos el Chile de los próximos 4 años.
Por eso es tan grave cuando un aspirante declara que se saldría de la legalidad o cerraría hasta el Congreso con tal de cumplir su proyecto. O cuando otros no son capaces de explicar las reformas propuestas.
Especialmente complejo es lo que ha ocurrido con los dos candidatos que lideran las encuestas. El gobierno denuncia que el programa de Sebastián Piñera contiene obras ya licitadas o incluso una ya terminada. Desde su comando hablan de mala leche y desestiman las críticas.
Guillier anuncia que recién el 7 de noviembre presentarán un compendio y argumenta que el programa no está cerrado porque van a tener que negociar para la segunda vuelta.
Los ciudadanos merecen estar informados. Lo necesario, lo deseable, en verdad lo mínimo es que los programas se propongan labores ambiciosas, pero posibles y claro que estén financiados.
Que quienes los encabezan los conozcan y que esos programas sean la base de la discusión de campaña. Claro, para ello lo primero es que existan.
Lo más leído
- Presidente Kast reúne a ministros para definir el ingreso de Chile a la coalición contra cárteles de Trump
- Lula aventaja a Flávio Bolsonaro en el inicio del recuento de los votos
- Brasil extiende hasta las 19:00 horas la votación de la segunda vuelta en todo el país
- Asociación de AFP por proceso sancionatorio del regulador: “Si efectivamente se cometieron errores, se tiene que saber y se tiene que sancionar como corresponda”
- Amplían el horario de votación en las elecciones presidenciales de Brasil