El libreto ya nos resulta tristemente familiar. Un lugar público atestado de gente, de pronto es invadido por el terror.
Hoy fue en el turístico paseo de La Rambla en Barcelona, con un saldo trágico y aun preliminar de al menos 13 muertos.
El objetivo es el mismo: sembrar el terror indiscriminado, la sensación de que cualquiera puede ser víctima. El método también se repite: vehículos que son lanzados a toda velocidad contra una multitud indefensa.
Ya no hablamos de sofisticadas redes terroristas, de traspasos de fondos, ni siquiera de armas. Sólo se necesita un permiso de conducir, el dinero para arrendar un auto y la voluntad homicida de uno o más fanáticos.
Por eso estos atentados parecen tener poco que ver con el retroceso de Estado Islámico en Medio Oriente. Aunque esa organización los reivindique, los ataques no dependen de ella.
Hoy fue Barcelona. Antes ocurrió en Niza, en París, en Londres, en Estocolmo, en Bruselas, en Berlín. Son 8 atentados similares en poco más de 1 año. Tragedias que enlutan a Europa, pero no la hacen rendirse ante el sinsentido del terror
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