No hay pudor. Es la conclusión que surge tras la bochornosa designación de Luis Toledo como nuevo notario de San Fernando.
Sí, el mismo Toledo que como fiscal tuvo a cargo el Caso Caval y con él, el destino judicial del hijo y de la nuera de la Presidenta, y en buena parte el destino político de este gobierno, estuvieron en sus manos.
Que ahora ese mismo gobierno se despida entregándole a dedo ese lucrativo cargo es una vergueza. Como también es una verguenza que Toledo acepte esta designación.
Más aun cuando nos consta que el viernes el Ministro de Justicia había enviado a Contraloría el decreto en que nombraba a Alberto Ortega como notario de San Fernando. Y que retiró dicho decreto el lunes y para reingresarlo un día después, cambiando el nombre de Ortega por el de Luis Toledo.
Quién ordenó al Ministro Campos que modificara su decisión para dar este puesto al ex fiscal de Caval? Qué argumentos hubo para una decisión que hoy nadie en La Moneda fue capaz de explicar?
El daño a la institucionalidad, es enorme. El descrédito para el Ministerio Público es irreparable, como dijo hoy la Asociación de Fiscales. Y la ya extendida percepción de que en Chile no hay justicia para los delitos que involucran a poderosos, se refuerza aún más.
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