“Si no tiene senadores, diputados, equipos técnicos, puede terminar en un desastre”. Así de tajante fue Alejandro Guillier hoy ante la posibilidad de que el Frente Amplio llegue a La Moneda. Puede parecer lógico que el senador use el arma de la gobernabilidad frente a una candidatura -la de Beatriz Sánchez- que le ha quitado la bandera de la renovación y la novedad, pero que carece de experiencia política.
Pero para ser efectivo, un discurso debe ser consistente. Y hace menos de 48 horas, Guillier dijo que él no es político, y que no es su tarea alinear a los partidos que lo respaldan. Que un senador y candidato a presidente de la república, o sea, aspirante al mayor cargo político del país, reniegue de su condición de político, ya es un error de concepto. Pero que además lo haga cuando trata de jugar la carta de la gobernabilidad (o sea, precisamente la carta de la política), resulta incomprensible.
No se puede ser político por la mañana y no político en la tarde; garantía de gobernabilidad en una declaración, y llanero solitario en la siguiente; presumir de cercanía con los partidos cuando conviene, y tratar de ocultarlos cuando no. Ser o no ser, para Guillier, ese es el dilema.
Lo más leído
- Pese al mayor desempleo en 5 años, presidente Kast asegura ver "luz al final del túnel" en el panorama económico del país
- Oposición evalúa acusación constitucional contra el ministro Rabat tras polémica por rebaja de penas
- Primera dama se reúne con viudas de mártires de Carabineros: Piden apoyo para impulsar mejoras en pensiones y gratuidad
- Compras informales por internet caen 27% en monto tras cambios en el IVA a transacciones internacionales
- Frente Amplio exige la renuncia de Rabat tras rebaja de penas: "Han mostrado compasión con violadores de DD. HH. y ahora con abusadores"