El método Steve Aoki: CNN Chile habla con el DJ que lanza tortas al público, va de BTS a TINI, y apuesta por la ciencia cerebral

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A casi una hora de salir al escenario, Steve Aoki figuraba sentado en un sofá en la zona de camarines del Espacio Riesco con una calma sublime. Eran cerca de las 10:30 de la noche del sábado 2 de mayo y, detrás del sector VIP del festival de música electrónica Don’t Let Daddy Know, los compases se colaban sin esfuerzo hasta el backstage.

Afuera, el exintegrante de Swedish House Mafia, Axwell, avanzaba en el tramo previo al set de Aoki frente a un público relativamente joven, que se movía entre vasos plásticos y luces en tonos neón. Adentro, el gran nombre de la jornada, vestido con shorts coloridos y luciendo su clásico pelo largo suelto, conversaba con CNN Chile con un relajo que distaba magnitudes de esa postal eufórica.

A ratos, se veía obligado a alzar la voz, para que sus respuestas no se perdieran dentro de la música. Pero ni eso parecía perturbarlo.“Amo estar aquí”, partió diciendo. “Cuando pienso en Chile, pienso en el público. Son ruidosos, energéticos, apasionados, cantan, se unen… Es un sueño tocar para una multitud así”.

Ha pasado por el país en distintos momentos de su carrera y en escenarios masivos que van desde las ediciones locales de Lollapalooza (2013 y 2019) hasta Creamfields (2022, 2023 y 2024). Y esta vez, su regreso para Don’t Let Daddy Know sumó otro capítulo a una relación marcada, especialmente por la reacción de los asistentes frente a su despliegue en la tarima.

Mucho más que un momento viral

Para quien no esté familiarizado del todo con la música electrónica, Steve Aoki puede entenderse como una figura que excede la cabina de DJ. Es productor, empresario, fundador de un sello, rostro de festivales masivos y una especie de arquitecto del exceso en vivo.

Además de sus hits, sus presentaciones son recordadas por los saltos, luces, botes inflables sobre la multitud y tortas que él mismo le lanza al público, gesto que ha terminado convertido en una de sus marcas más virales.

 

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El apellido Aoki, por su parte, también tiene una historia propia dentro de la cultura popular estadounidense.

Steve nació como Steven Hiroyuki Aoki en Miami, en 1977, y es hijo de Hiroaki “Rocky” Aoki, fundador de la cadena de restaurantes Benihana. Abrió su primer local en Nueva York en 1964 y se hizo conocida por popularizar en Estados Unidos el formato teppanyaki, donde los chefs cocinan frente a los comensales y convierten la preparación de la comida en parte central de la experiencia.

Tiene, además, seis hermanos: Kana Grace, Kevin, Kyle, Echo, Devon y Jenifer. De ellos, Devon se volvió una figura conocida en la moda y el cine, mientras Kevin siguió el camino de la cocina. Steve, guiado por su padre, también llegó a trabajar en el camino gastronómico familiar durante su juventud, pero apenas aguantó tres meses. Lo suyo era la música.

Su documental I’ll Sleep When I’m Dead, estrenado en Netflix en 2016 y nominado al Grammy como Mejor Película Musical, toma precisamente esa relación paternal como una de las fuerzas detrás de su carrera.

Pero antes de convertirse en uno de los nombres más reconocibles del EDM global, venía de otra escena: la del punk, el hardcore y los sellos independientes. A mediados de los 90, estudiaba en la Universidad de California en Santa Bárbara, en Estados Unidos, donde se graduó con dos licenciaturas: una en Estudios Feministas y otra en Sociología.

Durante esos años, vivió en una zona universitaria junto al campus, y desde ahí comenzó a organizar shows underground en un espacio que terminó siendo conocido como The Pickle Patch, una especie de sala improvisada donde pasaron bandas de punk y rock alternativo.

En ese mismo período fundó Dim Mak, el sello que terminaría siendo una de las piezas centrales de su carrera. Nacido en 1996, el proyecto partió como una plataforma independiente para editar música y mover artistas desde una lógica DIY (“Hazlo tú mismo”), lejos de las estructuras tradicionales de la industria. Su nombre toma como referencia el “toque de la muerte” asociado a las artes marciales y popularizado en la cultura pop por Bruce Lee, una figura que, en el pasado, Aoki ha citado como influencia.

Con el tiempo, Dim Mak dejó de ser solo un sello asociado al punk y al indie. Su catálogo terminó vinculado a bandas y proyectos como Bloc Party, The Kills, The Gossip, Klaxons, MSTRKRFT y The Bloody Beetroots, además de abrir una ruta hacia la electrónica, los eventos, la moda y las colaboraciones globales.

Música hecha para cruzar mundos

Su carrera solista también se fue armando por capas. Primero estuvo el ascenso dentro del electro-house y el EDM de festivales, con canciones como Turbulence, junto a Laidback Luke y Lil Jon; No Beef, con Afrojack; Boneless, junto a Chris Lake y Tujamo; o Delirious (Boneless). Tras lanzar su disco debut, Wonderland, en 2012, Aoki empezó a funcionar cada vez más como un punto de encuentro entre escenas.

“Cuando estoy en el estudio, siempre estoy pensando en cómo conectar… En cómo nos estamos relacionando con distintas audiencias. Y por eso hago tantas colaboraciones de tantos mundos diferentes de la música”, explicó desde el camarín de Espacio Riesco.

La palabra “mundos” le queda cómoda, porque en su catálogo conviven K-pop, rock alternativo, pop de estadio, música latina, hip-hop, electrónica de festival y canciones pensadas para comunidades digitales. “Trabajo con artistas de todos los ámbitos”.

“Mi música tiene muchas dimensiones. Es dinámica, obviamente tiene muchas capas”, afirma. “Y cada vez que trabajo con nuevos artistas, eso me permite ser más creativo y más expresivo. Aprendo mucho y estoy emocionado por estas nuevas colaboraciones que vienen”.

En esa misma línea se instala su próximo single junto a Farruko y Greeicy, que Aoki ya había puesto a prueba frente a una multitud antes de aterrizar en Santiago. La canción tuvo su primer adelanto en vivo durante Ultra Music Festival Miami 2026, a fines de marzo, cuando el DJ apareció junto a ambos artistas en uno de los escenarios más observados de la electrónica internacional.

“Son dos artistas con los que ya he hecho canciones”, dijo. “Ahora puedo hacer una canción con los dos juntos, lo que es emocionante. Creo que a la audiencia en Chile también le va a encantar”.

La ruta latina: Desde Daddy Yankee a TINI

Su relación con la música latina, sin embargo, no empezó ahí. En 2018 lanzó Azukita junto a Daddy Yankee, Play-N-Skillz y Elvis Crespo, una canción de alta energía que cruzó EDM, reggaetón y merengue. En 2020, esa línea tuvo una plataforma propia con Dim Mak En Fuego, una extensión latina de su sello creada para impulsar sonidos híbridos dentro de la escena global.

Desde entonces, Aoki ha buscado distintos puntos de entrada a la escena regional: el reggaetón puertorriqueño de Daddy Yankee y Nicky Jam, el pop colombiano de Maluma, el universo mexicano de Natanael Cano, Santa Fe Klan, Snow Tha Product y Danna Paola, y el pop argentino de TINI y La Joaqui.

Esa última conexión sudamericana, lanzada en 2023, apareció de manera natural durante la conversación. “TINI tiene un fandom tremendo”, comenzó diciendo. Y es que, en un show pensado para dialogar con el público local, el tema ya tenía un lugar reservado: “Voy a tocar Muñecas esta noche, porque creo que a Chile le va a gustar. Estoy mezclando mucho las cosas”.

Al sintetizar qué ha recogido de sus colaboraciones con artistas latinos, Aoki llevó la respuesta hacia el sonido. “Aprendí mucho sobre ritmo. Hay un tipo diferente de ritmo y también de melodía”, sostuvo. Luego vinculó esa musicalidad con una cualidad que, a su juicio, encaja especialmente bien con la electrónica de festival: “Traen mucha melodía y mucha feminidad. Y cuando agregas feminidad con una energía como esta, es algo que realmente se mezcla bien con el EDM”.

Esa búsqueda también atraviesa la selección de canciones que lleva al escenario.

“Si piensas en muchos de los tracks que toco en mi set, diría que la mayoría son liderados por mujeres”, añadió. “Porque eso te permite ser más libre, creo. Trabajar con artistas mujeres me ha permitido ser más expresivo, en mi opinión, en mis shows”.

El poder de los fandoms: “Lo que pasa con BTS y su ARMY es una locura”

El trabajo con voces femeninas y artistas latinos abrió paso a otro tema que atraviesa buena parte de sus colaboraciones: los fandoms. Porque entrar en el universo de otro artista implica también encontrarse con una comunidad previa, con códigos propios y una capacidad de empujar canciones por caminos que no siempre pasan por la radio o la promoción tradicional. Y entre tanto tiempo en el ruedo, Aoki ya lo tiene clarísimo.

“Aprendí eso cuando hice una canción con Louis Tomlinson”, recordó. “Sus fans también son muy, muy potentes”.

La referencia que hace es a Just Hold On, colaboración que lanzó en diciembre de 2016 y que marcó el debut solista del exintegrante de One Direction. Fue estrenada en vivo en la final de The X Factor UK y alcanzó el puesto 52 del Billboard Hot 100.

Cuando pisó terreno en el K-pop, esa lectura se amplificó. Aoki trabajó en tres ocasiones con un gigante surcoreano entre 2017 y 2018: BTS.

“Lo que pasa con BTS y su ARMY es una locura”, reparó él mismo. “Todos conocen MIC Drop,  pero fueron los fans los que hicieron famosas las otras canciones que hice con ellos. El ARMY logró que Waste It On Me se volviese súper popular apenas la lanzamos. Lo mismo con The Truth Untold. No fue la radio. No fueron esas formas normales en que uno entiende cómo las canciones se viralizan. Fue porque los seguidores lo lograron”, reiteró. “Hay muchísimo poder en los fans, y es increíble ser aceptado por ellos, también”’.

A la fecha, sigue creando nuevos lazos dentro del género. “Acabo de hacerle un remix a otro grupo que también tiene una fandom enorme y en crecimiento, llamado ATEEZ, y eso sale este verano”.

ATEEZ, en tanto, en 2024 se convirtió en el primer boy group de K-pop en presentarse en Coachella y ese mismo año logró su segundo N°1 en el Billboard 200 con GOLDEN HOUR: Part.2.

Dim Mak, inteligencia artificial y una nueva lectura del “hazlo tú mismo”

La conversación sobre fandoms, plataformas y canciones que se mueven por fuera de los canales tradicionales abrió paso a otra parte de su historia: la tecnología. Aoki lleva casi tres décadas cambiando de herramientas, sin abandonar la lógica con la que partió Dim Mak en 1996.

El sello nació desde una ética DIY, ligada al punk y a los circuitos independientes, y en 2026 celebra 30 años convertido en una marca que combina música, eventos, moda y cultura visual. Al hablar del paso del tiempo, Aoki no separa la independencia de la tecnología. “Sigo siendo DIY. Todavía tengo el mismo ethos que tenía cuando era niño. Ese ethos punk rock”.

Luego explicó su definición de esa filosofía con una frase directa: para él, el espíritu DIY no significa hacer las cosas sin herramientas, sino asumir la responsabilidad de ejecutarlas. “El ethos en sí no significa que no puedas usar tecnología”, aclaró. “Solo significa que todo empieza contigo. Todo empieza contigo haciendo las cosas. DIY significa ‘haz tu jodido trabajo’. Tienes que hacerlo”.

En sus primeros años, organizaba conciertos, editaba música y movía una red independiente con recursos limitados. Décadas después, la escala cambió, pero él plantea la misma lógica desde otro escenario: aprovechar lo que existe en cada época para seguir creando y tomando decisiones.

“No puedes simplemente pensar: ‘Sí, qué gran idea’. Tienes que ir y ponerla en marcha. No empezar con ‘no puedo hacerlo, porque no tengo dinero, no tengo recursos, no tengo red, no tengo esto…’. Al carajo con las excusas. Simplemente haces que pase. Eso es DIY”.

La inteligencia artificial aparece en esa lectura como una herramienta más dentro de una carrera que siempre ha mirado hacia adelante. Aoki ya había trabajado esa fascinación por el futuro en la serie Neon Future, proyecto que desde 2014 cruzó música electrónica con ideas sobre ciencia, tecnología, creatividad y humanidad.

En Chile, aterrizó esa mirada en su forma actual de trabajar. “Si no hubiera usado las tecnologías que tenía frente a mí, no creo que habría sobrevivido 30 años”, afirmó. “Tienes que usar la tecnología que tienes contigo, donde sea que esté frente a ti. Siempre estoy pensando hacia adelante. Y para pensar hacia adelante, tienes que usar tecnología para avanzar”.

Luego fue explícito sobre el presente: “Ahora tenemos la inteligencia artificial. Entonces la estoy usando. Uso lo que tengo como herramientas frente a mí para ser más eficiente, para hacer las cosas más fáciles para mí, para poder hacer las mejores canciones que puedo hacer, tomar las mejores decisiones de negocio que puedo tomar y estar adelante”.

La disciplina detrás del espectáculo

En 2024, GQ publicó un perfil sobre su dieta y bienestar, donde lo describió como un artista que mantiene más de 200 shows al año y que sostiene ese ritmo con una rutina de entrenamiento, meditación, alimentación controlada y recuperación física. Por ese entonces, Aoki dijo que trabaja con una “mentalidad atlética competitiva” y que se ve a sí mismo “como un atleta que entrena para una competencia”.

Se le preguntó por esa dualidad. Ese contraste entre el caos del show y el método que permite que el caos suceda. Sobre cómo lo hace posible.

“Claro que puedes andar de fiesta y tocar al mismo tiempo, pero no sé cuánto tiempo vas a durar con ese ritmo. Creo que va a ser una vida útil más corta”, reflexionó. “En lo que a mí respecta, me di cuenta en los inicios de mi carrera que yo de verdad quería mantenerme por mucho tiempo. Y para lograr estabilizarte en el tiempo, tienes que hacer a un lado las cosas que no tienen sentido con ese estilo de vida; eso significa vivir con disciplina y enfocarte en serio en lo que te funciona”.

Y continuó: “Tienes que mirar el mundo entero no como un solo show y dar lo máximo en ese show, sino pensar cuántos años más de esos shows puedes dar en tu máximo potencial”, explicó. “Empecé a pensar de esa forma a fines de los 2000 y fue ahí cuando entendí lo que significa crear una estrategia a largo plazo. Y eso lo cambió todo para mí. Desde entonces, he tenido una carrera bastante saludable durante los últimos 16 años”, dijo.

“Por suerte, 2009 fue realmente cuando mi carrera empezó a despegar. Así que lo aprendí en una parte muy temprana de la carrera. A veces aprendes demasiado tarde y ya no alcanzaste. Me siento muy afortunado de haberlo descubierto a tiempo, lo suficientemente temprano”.

El dato más extremo de esa vida en movimiento quedó registrado en 2012, cuando Guinness World Records lo reconoció como el músico que más viajó en un año. Ese calendario sumó 389.221 kilómetros recorridos y 168 shows alrededor del mundo, con presentaciones en países como Chile, Argentina, Brasil, México, Japón, Corea del Sur, Francia, Alemania, Reino Unido y Estados Unidos.

Al preguntarle cómo mira hoy ese récord, él lo comparó con una velocidad a la que su cuerpo y su vida se acostumbraron. “La forma en que lo veo es como cuando estás en la autopista manejando a 100 kilómetros por hora. No se siente rápido. Pero si estás parado al lado del camino y un auto pasa frente a ti, se ve rápido”, dijo.

Luego llevó la metáfora a su propia carrera: “Cuando la gente ve ese número, dice: ‘Wow, es un montón’. Pero yo he estado manejando a 100 kilómetros por hora durante los últimos 20 años. Entonces no se siente tan extremo”.

La pausa llegó recién con la pandemia. “Nunca he estado al costado del camino, salvo durante el COVID. Cuando estás en la carretera, no piensas en la velocidad, simplemente sigues”.

Ese modo de vida también conversa con una preocupación que Aoki ha llevado fuera de la música: la salud cerebral y la longevidad. En 2012 puso en marcha The Aoki Foundation, organización enfocada en apoyar investigaciones en ciencia del cerebro, medicina regenerativa y preservación cerebral.

Su objetivo declarado es respaldar trabajos que apunten a un futuro sin enfermedades neurodegenerativas y donde la ciencia y la tecnología tengan un rol directo en extender vidas saludables. En 2022, participó, además, en una campaña de la Focused Ultrasound Foundation para explicar el potencial del ultrasonido focalizado en tratamientos neurológicos; el video abordaba investigaciones vinculadas a condiciones como temblor esencial, Alzheimer y adicción, junto al Rockefeller Neuroscience Institute de West Virginia University.

El nuevo capítulo como padre

La idea de proyectarse a largo plazo tomó un sentido más personal en 2025. Después de décadas moviéndose entre aeropuertos, festivales y estudios, se convirtió en padre por primera vez junto a su esposa, Sasha Aoki.

La pareja había anunciado el embarazo en enero de ese año durante un show en Barasti Beach, Dubái, con una revelación de sexo sobre el escenario que usó una torta, el símbolo más reconocible de sus presentaciones en vivo. En la pantalla apareció el mensaje “It’s a Boy!!” y, en redes, ambos lo presentaron como su “mayor colaboración”.

El nacimiento llegó en julio de 2025. La pareja presentó públicamente a su hijo como Rocky77, un nombre que une dos marcas biográficas: Rocky, por su padre, y 77, por el año de nacimiento del DJ. La noticia coincidió, además, con su primer aniversario de matrimonio.

Cuando se le preguntó cómo había cambiado su vida con la llegada de su hijo, Aoki bajó el ritmo. Después de hablar de giras, disciplina, tecnología y escenarios, respondió desde un lugar más íntimo.

“Ha sido un torbellino absoluto de felicidad y amor. Jamás creí que sería capaz de sentir tanto amor con solo mirar a mi niñito. Ahora partió un capítulo completamente nuevo”, dijo.

También situó la planificación familiar dentro de su propia línea de tiempo. Tenía 47 años cuando nació su primer hijo, una edad que él mismo reconoció como distinta a la de muchos padres primerizos.

“A mí, la paternidad me llegó tarde. Muchos empiezan a ser papás a los 20 o 30”, mencionó. “Soy un padre orgulloso y amo a mi niño.“Me emociona la idea de verlo crecer. Va a ver el mundo más rápido que muchos otros niñitos y quiero enseñarle mucho. Estoy emocionado”, concluyó, con miras hacia el futuro.

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