No ganaron clientes ni poder de presión. Los taxistas “Se echaron a la ciudadanía encima” en palabras del intendente Orrego,para describir el bloqueodel aeropuerto de Santiago.
Así exigieron que Uber y Cabifay respeten sus derechos: con una protesta que vulneraba los derechos de miles de chilenos a desplazarse o trabajar. Inconsecuencia total.
Un turista brasileño sufrió un paro cardíaco cuando intentaba llegar al terminal aéreo. En medio del caos fue evacuado en helicóptero a un centro asistencial donde murió.
Parece que no aprendieron los taxistas de la paralización de las micros amarillas que detuvo Stgo en 2002 y por la cual el gobierno de Lagos aplicó, como se hará ahora, la ley de Seguridad del Estado.
Porque la protesta es legítima, incluso una muestra de la vitalidad de una democracia, pero cuando se entiende que ese derecho tiene límites.
Porque una causa justa no legitima todos los medios, porque nunca tus demandas justifican hacerlas valer a cualquier precio.
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