Hoy es un privilegio. El fuero parlamentario viene de la Constitución de 1823 para evitar persecuciones a los legisladores y que se alteraran los equilibrios de manera malintencionada. Para quitarlo, se examina qué tan pertinente es la querella, antes de suspenderlo en su cargo y dar paso a medidas cautelares. Hoy se plantea poner fin al fuero. Buena idea.
Pero convengamos en que está motivada, más que en terminar con un privilegio, en evitar que se alteren los quórums, como ha sucedido a raíz de causas de financiamiento ilegal de la política.
Si realmente quieren un país sin privilegios, que siempre son odiosos, amplíen el plazo de prescripción de los delitos electorales que ustedes parlamentarios limitaron a 2 años y no 5 como es para la mayoría.
Dejen que la Fiscalía investigue los delitos electorales sin querella previa del Servel. Pongan fin al privilegio de que ministros, legisladores y hasta arzobispos puedan elegir dónde declaran ante un juez.
Porque no puede ser que en Chile aún unos pocos son más iguales que la mayoría ante la ley.
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