Mientras candidatos presidenciales discuten si se la combate con más armas, pistolas o martillos, la delincuencia muestra todo su arsenal.
No son las bandas comunes tras los portonazos o robos a viviendas que aportan material para páginas y páginas de crónica policial, dependiendo de la investidura de la víctima. Son narcotraficantes, que buscan infiltrarse en el poder y la política, como se investiga en el municipio de San Ramón y que, literalmente, controlan sectores que se disputan a balazos, amenazan a vecinos que optan por el silencio y encierro; o a quien se interponga en el negocio, como denunció hace días el padre, Gerard Ouise, párroco de Legua, amenazado de muerte.
Este fin de semana, bandas rivales se enfrentaron en la Población. Hubo heridos muertos y detenidos de organizaciones que reemplazan a las que cayeron fruto del trabajo de policías y fiscales o se rearticulan una y otra vez para volver con armas de gran poder, soldados y sicarios.
Con la frase ” No más balas” los vecinos piden vivir en paz; la intendencia anuncia nuevas medidas, pero tienen derecho a no creer…
Los planes de intervención tienen casi 2 décadas ahí, sin resultado. Ahora según el capellán del hogar de cristo, Pablo Walker, el poder de la ” Narcocultura” llega a más de 400 barrios solo en santiago.
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