Fue un avance: la ley de cuotas que obliga a los partidos a llevar a lo menos un 40% de candidatas, intentó romper la inercia de una cultura machista.
Una donde en partidos, mayoritariamente dirigidos por hombres, hasta ahora la abrumadora mayoría de los postulantes eran… hombres.
Las colectividades han cumplido, no les quedaba otra, la ley. Pero no necesariamente el espíritu de ella.
Poner a mujeres de seguro muy capaces, sólo por cumplir, de relleno en lugares en los que, por las formas de los pactos o por el adversario, no tienen ninguna posibilidad nunca fue la idea, sí el riesgo de esta ley.
Un caso obvio: Arica. La DC lleva una candidata a senadora, Trinidad Parra, pero públicamente anuncia que apoya a un hombre, José Miguel Insulza, que ni siquiera es de su lista.
No somos ni menos capaces, ni tenemos pocas ganas. Lo que tienen las mujeres es menos posibilidades de participar en política. La cancha no está pareja y por eso se creó esta ley de cuotas. Vulnerar su espíritu es ayudar a perpetuar el machismo.
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