La diputada Camila Vallejo propuso terminar con las costumbre que inicia las sesiones “en el nombre de Dios”. La idea despertó airadas reacciones. Que estaban tratando de imponer el totalitarismo comunista, que les molestaba que algunos fuerah religiosos. Lo más suave: que los ateos querían imponer su postura, como si se tratara de cambiar la frase “en el nombre de Dios” por “fin a las religiones o Dios es un invento”.
Los escandalizados, son los mismos que defienden el pesebre en La Moneda, las imágenes de santos o símbolos de otras religiones en reparticiones públicas.
Error si se apela a la tradición: hay tradiciones nefastas que afortunadamente se han eliminado, como que las mujeres no votaran. Error si se apela a la fé.
Esto no es entre buenos y malos o entre ateos y creyentes aunque el porcentaje que dice seguir una religión llegue al 90% en Chile. Lo que está en discusión es el valor del laicismo. O sea, esto es entre partidarios o no de un Estado Laico. Donde incluso muchos de quienes creemos, pensamos que nuestras creencias particulares, en justicia, no deben ser favorecidas sobre otras.
En el nombre de Dios, de Buda, de la Ecología, del comunismo, del liberalismo. No.
Se abre la sesión en el nombre de la República, de ésa en que cabemos todos y todas y en la que nada de lo que creamos a nivel espiritual nos hace valer más que otro.
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