La emotiva despedida de Daniela Vega a Sebastián Lelio: “Te amo (…) Y todos los momentos que hemos vivido, amigo de amor y compromiso”

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Una emotiva y sentida despedida publicó este sábado en su cuenta de Instagram la reconocida actriz Daniela Vega para despedir al cineasta Sebastián Lelio, quien falleció este viernes a la edad de 52 años.

Ambos deslumbraron al mundo en el marco de la película Una Mujer Fantástica, largometraje que le dio el primer Óscar de la historia a Chile.

Vega recordó una anécdota entre ambos: “¡Ya llegó el ascensor, Seba! Le dije. Las puertas se abrieron. Entramos riéndonos de un mal chiste de él. De pronto, me mira girando su cabeza hacia la derecha y esbozando una sonrisa. Me dice: Dani, quédate quieta… (yo riéndome). ¿Así? Le pregunto. No, pero ríete, justo como estabas. Pero Seba, ¿cómo me voy a reír y a quedar quieta al mismo tiempo? ¡No puedo!”

“Desenfundando su teléfono me dice: Ya pos Dani, si vamos al séptimo piso no más, ¡es que mira ese dorado de atrás! Se abre la puerta y cagamos… Quise girarme a ver qué tan dorado era el fondo, pero ¡no te muevas! Me dice a carcajadas, contagiándome ipso facto. Mientras intento decirle, pero Seba, ¿cómo me voy a reír sin moverme? Con los ojos, me contestó, ¡como te has reído siempre! ¡Pero si la risa tiene sonido y movimiento! Le respondí. ¿Y cómo te reirías a oscuras? Me preguntó”, agregó la famosa actriz.

“Flash. La puerta se abrió y aquí está la foto. Te amo, Sebastián Lelio. Y amo esta foto, y este momento. Y todos los que hemos vivido, amigo de amor y compromiso. De ojos prístinos y manos acogedoras. De palabras oportunas, bromas de risa cerebral. Un hombre que llegó un día ofreciéndome un café, una tarde que chorreaba el fin de aquel año, momento que hoy se convierte para siempre en gerundio”.

Vega siguió su reflexión: “Años que convertimos en intimidad. Cómplices fuimos de nuestros ojos ante todo lo que nos hizo debutar en nosotros mismos tantas, todas las veces. Transformaste en obra tantas preguntas, erigiste historias en mástiles de viento. Ya no estarán más tus ojos que hacían sonreír a tus manos haciéndolas aplaudir. Tu voz aireada como la espuma de un expreso, tan templada siempre. Tan certera siempre. Tan discreta siempre, ya no estará más”.

“Pero hemos alcanzado a tatuar con tinta violeta la memoria del camino recorrido. Gracias por nuestras largas y trasnochadas conversas. Por los poemas que nos recitamos el uno al otro. Por esos versos que leímos, vimos, deshilachamos cada vez que nos asíamos a la fugacidad de las horas. Por aquí, seguiré hilvanando hilos de palabras en horizontal, y estaré atenta por si te veo aparecer al fondo del plano.

“Hoy amanece para mí de revés. Y están chorreando salares rojos. A tus colores, a tu belleza. A nuestros relatos. A nosotros. No, no, ¡espera Dani! Un pelito hacia tu derecha, menos. Menos. ¡Ahí ahí! Corte. Hasta siempre, amado zebra”, cerró.

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