El flanco que abrió el Instituto Nacional del Deporte (IND) y el Parque Estadio Nacional ante la incertidumbre que, en un momento, generaron los conciertos de BTS programados en el Estadio Nacional dejó en evidencia no solo la capacidad organizativa de las denominadas Armys, sino también la influencia que las culturas japonesa y coreana han alcanzado en Chile.
Cabe mencionar que la controversia por los conciertos ya fue resuelta y la banda surcoreana de K-pop se presentará en octubre en el recinto deportivo de la comuna de Ñuñoa.
A partir de este escenario, el profesor Franco Casoni, especialista en literatura japonesa, y la profesora e investigadora Constanza Jorquera, especialista en cultura coreana, ambos del Centro de Lenguas y Culturas del Mundo de la Universidad de Chile, explican cómo este fenómeno se ha desarrollado durante décadas y por qué hoy trasciende el ámbito del entretenimiento.
Las industrias culturales de Japón y Corea del Sur han transformado la forma en que las nuevas generaciones se acercan a Asia. Lo que para muchos comenzó como un primer contacto a través del anime, los videojuegos o la música, hoy se refleja en conciertos masivos, espacios de encuentro entre fanáticos, aprendizaje de idiomas y cursos universitarios dedicados al estudio de estas expresiones culturales.
La influencia de la televisión y la construcción de las comunidades
Aunque el K-pop y los dramas coreanos ocupan actualmente un lugar cada vez más visible, el interés por las culturas japonesa y coreana en Chile comenzó mucho antes del auge de las plataformas digitales. Para Casoni, el primer acercamiento de muchas personas ocurrió a través de la televisión abierta, donde el anime se convirtió en una ventana hacia un mundo hasta entonces desconocido.
“La tele cumplió quizás ese rol como de compañía (…) antes era como el internet”, comenta el especialista, recordando cómo esas series despertaron la curiosidad de miles de niños y jóvenes por conocer más sobre Japón.
Con el paso de los años, ese interés creció gracias a internet y al trabajo de las propias comunidades de seguidores. Conseguir mangas, música o videojuegos no era sencillo y, muchas veces, dependía del intercambio entre fanáticos.
“La piratería fue quizás la forma que uno tenía de acceder”, recuerda Casoni, quien explica que durante años fueron los propios seguidores quienes tradujeron contenidos, compartieron material y mantuvieron vivo el interés por estas culturas.
Jorquera sostiene que un proceso similar ocurrió con la cultura coreana. A su juicio, el crecimiento del K-pop y de la denominada Hallyu, también conocida como la “ola coreana”, lleva años consolidándose en Chile; sin embargo, solo recientemente ha adquirido mayor visibilidad entre el público general.
El caso de las Armys
“Lo que me ha sorprendido del caso reciente de BTS es que el tema de la ola coreana y el K-pop lleva en Chile al menos 15 años”, destaca Jorquera.
Para la académica, reducir este fenómeno únicamente a un grupo musical invisibiliza un proceso mucho más amplio, en el que la música convive con la literatura, las series, el cine, la gastronomía, el aprendizaje de idiomas y otras expresiones culturales que han fortalecido el interés por Corea del Sur y Japón entre distintas generaciones de chilenos.
Del entretenimiento al conocimiento cultural
Para ambos especialistas, uno de los cambios más relevantes es que estas expresiones culturales han dejado de entenderse únicamente como una forma de entretenimiento para convertirse en una puerta de entrada a la historia, la literatura y las transformaciones sociales de Japón y Corea del Sur.
“Uno no tiene por qué saberse toda la historia de Corea o Japón para que algo le guste”, plantea Casoni.
Sin embargo, agrega que ese primer interés suele despertar preguntas más profundas sobre otras formas de vivir, pensar y entender el mundo.
En esa línea, el académico explica que la literatura japonesa permite comprender estas sociedades más allá de los estereotipos.
“Salir un poco de estos clichés de ver estos países tan lejos y darse cuenta de que hay cosas que les pasan a ellos que también nos pasan a nosotros”, reflexiona.
Asimismo, sostiene que el éxito internacional de Corea del Sur también responde a una estrategia deliberada de proyección cultural.
“Hay elementos muy fuertes de estrategia de política exterior y de inversión importante por parte del Estado coreano”, señala.
No obstante, enfatiza que este proceso no habría sido posible sin el papel que desempeñaron durante años las comunidades de seguidores, mediante la difusión de contenidos y la creación de espacios de encuentro.
Precisamente, para Jorquera, uno de los cambios más significativos está en la forma en que hoy se construyen esas comunidades.
“La gente no se agrupa necesariamente por el lugar donde vive o por su grupo etario, sino que se agrupa por intereses”, explica.
Los fandoms, o comunidades de seguidores, se han convertido en espacios donde personas de distintas edades y trayectorias encuentran un sentido de pertenencia, demostrando que el fenómeno cultural asociado a Japón y Corea del Sur trasciende la música y se proyecta hacia nuevas formas de aprendizaje, identidad e intercambio cultural.
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