Hay pocos placeres dentro de la ficción tan gratificantes como explorar un universo del que no sabes nada. A veces un marketing más discreto puede desembocar en una experiencia que deja inmerso al jugador en base a la sensación del descubrimiento. Saros es uno de esos casos.
Precisamente desde ese lugar —el del usuario casual que se aventura en territorio desconocido— es desde donde tiene más sentido hablar de este juego, que no fue pensado solo para los expertos del género bullet hell y forma una dinámica que va más allá de lo estrictamente lúdico.
En CNN Bits probamos la entrega más reciente de Housemarque, que permite a nuevos jugadores adentrarse en el nicho.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Una historia que debes buscar para entender ¿de qué trata después de todo?
La historia de Saros se desarrolla en Carcosa, un planeta marcado por un fenómeno tan fascinante como letal: un eclipse capaz de alterar la realidad y afectar de forma directa a quienes se exponen a él. Se trata de una fuerza que parece modificar las reglas del entorno, distorsionar la percepción y poner en jaque a cada expedición humana que intenta sobrevivir allí.
En ese escenario aparece Soltari, una de las corporaciones más grandes e influyentes de la Tierra, que descubre en Carcosa un recurso energético conocido como lucenita. Su valor es suficiente para justificar el envío de grupos humanos al planeta, con el objetivo de estudiar, extraer y asegurar el control de esta nueva fuente de energía.
El problema es que las primeras misiones no terminan bien. Soltari envía a la Echelon I, la Echelon II y la Echelon III, pero pierde contacto con todas ellas. La desaparición de estos escuadrones instala una duda clave dentro de la historia: cuando la corporación decide enviar a la Echelon IV, ¿lo hace para rescatar a los equipos anteriores o para continuar la extracción de lucenita pese al riesgo?
En esa misión controlamos a Arjun Devraj, un ejecutor Soltari que llega a Carcosa cuando el planeta ya parece haber devorado a quienes estuvieron antes. Apenas inicia su recorrido, Arjun comienza a experimentar los efectos del eclipse, un fenómeno imposible de no asociar visualmente con el eclipse de Berserk, y que funciona como la gran amenaza detrás de la desaparición de las expediciones previas.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
El resultado es una historia que no se entrega de forma directa. Saros obliga a reconstruir su universo a partir de pistas, registros, escenarios y detalles dispersos, lo que puede volver más atractivo su misterio, pero también hace que entender sus reglas demande más atención de la esperada.
Un inicio que abruma
Sinceramente, el inicio de esta misteriosa aventura da cuenta de la escala que la desarrolladora buscaba con su lore, un cosmos rico en detalles, simbolismos y otros puntos que harán a más de uno invocar el gif de Leonardo Di Caprio en su sillón.
Sin embargo, dicha construcción es tan basta que nada más arrancar comienza a bombardear al jugador con información, nombres, facciones, contexto, drama, política, etc. Aunque visualmente asombroso, a ratos sí te deja pensando en algo que nunca quieres reparar cuando disfrutas una actividad recreativa: “entiendo la historia, genial, cautivante, pero ¿cuándo empieza la diversión?”.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Pasados esos primeros momentos, comienza una nueva apuesta para la exposición a su historia, en base a fragmentos con notas sueltas por el mapa, flashbacks esparcidos a lo largo de la experiencia, audios en el pasaje y otros recursos.
Si eres el tipo de jugador que avanza sin detenerse a leer cada texto opcional, te vas a perder buena parte del contexto. Eso es una lástima, porque cuando la historia muestra destellos de profundidad, genuinamente es muy atrapante.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Morir es parte del juego. Morir duele igual.
El primer jefe —El Profeta— llega antes de entender bien qué estás haciendo, tratando de aprender cómo funcionan las mecánicas, los artefactos, armas, habilidades e incluso los ataques de los enemigos.
Las curas son escasas y la vida no se regenera por sí sola, por lo que cada paso en cada ciclo debe ser muy cauteloso, pero si eres muy cauteloso, sentirás que no avanzas o, cuando mueres, sentirás que te esforzaste mucho por muy poco.
El duelo contra el primer jefe es un golpe de realidad, no estás preparado para un enemigo de ese calibre luego de los que enfrentaste antes. Tras cuatro intentos pudimos derrotarlo, y sí, deja una sensación muy reconfortante, pero también te deja claro de qué va Saros.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Este no es un juego para relajarse. El género implica que cada vez que eres eliminado, el ciclo se reinicia, pierdes las mejoras temporales, pero conservas el progreso permanente.
Con cada muerte, vuelves al pasaje y mejoras habilidades, por lo que sientes esa sensación constante de progreso y que cada ciclo te hace más fuerte.
Al principio eso se siente injusto. Frustrante. Pero hay algo en la manera en que el juego te hace sentir que mejoras con cada intento. No es que el juego se vuelva más fácil, eres tú quien se vuelve mejor.
El segundo bioma, más subterráneo y tecnológico —casi minero, casi sci-fi—, es donde empiezas a entender para qué sirven los artefactos, qué diferencia hace cada arma, cómo el eclipse cambia el comportamiento de los enemigos.
Hay momentos en que el cielo rojo de Carcosa y los proyectiles corruptos recuerdan inevitablemente a Mordor del Señor de los Anillos. El ojo de Sauron parece acechar en el horizonte, y esa atmósfera no es menor: es lo que te mantiene enganchado.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Porque cada eclipse intensifica todos los aspectos de Carcosa, los enemigos son más fuertes y hacen más daño, pero las recompensas suben considerablemente de nivel.
Antes de enfrentar al segundo jefe, el juego te obliga a completar dos misiones previas en cada ciclo. Si llegas al jefe y pierdes, vuelves a empezar todo. Es tedioso. También es exactamente lo que el género promete y, eventualmente, tiene sentido.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
El DualSense, la sorpresa de Saros
Si hay algo en lo que esta entrega brilla sin discusión, es en el uso del DualSense.
Las vibraciones están integradas con una precisión que pocas veces se siente tan natural. Cada impacto, cada proyectil que pasa cerca, cada momento de tensión tiene un correlato táctil que te ancla en Carcosa de una manera que la pantalla sola no podría lograr.
Los gatillos adaptativos también hacen su trabajo: presión media para apuntar, presión completa para activar el disparo alternativo. Simple, intuitivo, efectivo. Con controles básicos, ayuda a los que buscan adentrarse en el género.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Es lo que uno esperaría de un exclusivo de PS5 lanzado en 2026. Pero hay que reconocer cuando algo está bien hecho.
A medida que avanzas, ya pasas por alto el detalle del DualSense, pero cuando comienza tu aventura por Carcosa, vaya que sí impresiona.
Los modificadores carcosianos: ¿por qué tan tarde?
Tras derrotar al segundo jefe —o si mueres en repetidas ocasiones— se desbloquean los modificadores carcosianos, que permiten ajustar libremente la dificultad. Pero aquí surge la pregunta: ¿Por qué tan tarde?
Saros corre el riesgo real de perder jugadores antes de llegar a esta función. Con los modificadores activos, la experiencia cambia por completo.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Puedes hacerlo más desafiante si buscas el hardcore de Housemarque, o más accesible si simplemente quieres disfrutar la travesía sin convertirte en experto.
De integrarse antes este mecanismo que permite ajustar la dificultad, atraería a más personas que buscan probar y adentrarse en los bullet hell.
Armas y artefactos para todos los gustos
Si eres un jugador más conservador, puedes optar por artefactos que priorizan la salud e integridad del traje. Si eres más agresivo y osado, hay artefactos que aumentan tu poder, pero reducen tu salud.
Tienes armas a corta distancia, escopetas, rifles e incluso armas propias de Carcosia, por lo que puedes personalizar muy a gusto tu forma de avanzar y luchar contra enemigos.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Esa flexibilidad es exactamente lo que convierte al juego de Housemarque en una puerta de entrada válida al género, pero queda en un segundo plano por quienes pudieron haberse rendido antes de que aparecieran los modificadores carcosianos.
Un árbol de habilidades que pierde el hilo
En sus primeros compases, el árbol de habilidades es una de las mejores cosas del juego. Ir desbloqueando mejoras, notar el impacto en combate, adaptarse a un estilo propio: funciona muy bien.
El problema es que, pasado el cuarto jefe, el árbol sigue creciendo, pero la diferencia se diluye.
Se suman habilidades que en papel suenan potentes, pero que en el campo de batalla cuesta percibir, puesto que estás constantemente mejorando las mismas habilidades, cuando en un principio sentías constantemente que desbloqueabas nuevas mecánicas.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
Qué nos gustó y qué podría mejorar.
Nos gustó: DualSense, diseño audiovisual, sistema de progresión satisfactorio, accesible para nuevos jugadores del género.
Qué podría mejorar: Narrativa confusa al inicio, modificadores de dificultad desbloqueados demasiado tarde, árbol de habilidades que pierde impacto en los tramos finales.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
¿Vale la pena Saros?
Saros no es un juego para todos. No es para quien busca una sesión tranquila antes de dormir. Es exigente, a ratos repetitivo, y su narrativa nunca termina de despegar del todo a pesar de sus buenos momentos.
Pero si estás dispuesto a darle tiempo —y a aprovechar los modificadores cuando aparezcan— ofrece algo que pocos juegos actuales entregan: la satisfacción genuina de mejorar, de aprender, de llegar más lejos que en el ciclo anterior.
Para alguien que no es fanático del género, eso es bastante más de lo que se puede esperar. Es una gran entrega para iniciarse en este tipo de juegos.

Saros (Capturado en PS5 Pro)
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