Columna de Mario Saavedra | Amor en tiempos del Promt: La resaca del romance artificial

Por Mario Saavedra

16.02.2026 / 14:19

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Seamos honestos y mirémonos al espejo de la pantalla negra. ¿Cuántos de esos mensajes "profundos", "espontáneos" y "llenos de sentimiento" que enviaste o recibiste este fin de semana fueron escritos realmente por un ser humano con sangre en las venas?


Es lunes 16 de febrero. Los chocolates con forma de corazón están a mitad de precio en el supermercado, las flores ya empezaron a marchitarse en el florero y tú, querido lector, probablemente tienes una leve resaca. Pero no es de champaña barata. Es una resaca moral.

Bienvenido al día después del primer “Día del Amor” masivamente tercerizado a la Inteligencia Artificial.

Seamos honestos y mirémonos al espejo de la pantalla negra. ¿Cuántos de esos mensajes “profundos”, “espontáneos” y “llenos de sentimiento” que enviaste o recibiste este fin de semana fueron escritos realmente por un ser humano con sangre en las venas?

Yo te lo digo: pocos. Muy pocos.

Este sábado fuimos testigos de la mayor estafa piramidal emocional de la historia reciente. Millones de chilenos, presas del pánico escénico y de una flojera crónica disfrazada de eficiencia, corrieron a los brazos de ChatGPT, Gemini o cualquier otro oráculo digital para pedirle auxilio: “Escribe un mensaje para mi polola de hace 3 años, que suene romántico pero no cursi, que mencione que me gusta cómo se ríe y que pida perdón por lo del año nuevo”.

Y el robot, obediente y sin juicio, escupió el párrafo perfecto en 0,4 segundos. Tú le diste copy-paste, agregaste tres emojis de corazón rojo para darle el “toque personal” y presionaste enviar. Misión cumplida. Te sentiste un Don Juan moderno.

Pero no te engañes. Lo que hiciste es el equivalente romántico a comprar una lasaña congelada en el súper, meterla al microondas tres minutos, servirla en un plato de greda y jurarle a tu pareja que estuviste toda la tarde amasando la pasta como una nonna italiana.

Es el “cuento del tío” del amor. Estamos pagando con billetes falsos y esperamos recibir vuelto en oro (You know what I mean).

El problema de fondo es que nos hemos vuelto unos indigentes emocionales, incapaces de conectar dos frases honestas sin la muleta de un algoritmo entrenado en Silicon Valley. Externalizamos el coqueteo. Contratamos a un Hitch digital (si no sabes quién es, busca la película de Will Smith), un “Doctor Citas” que no cobra, no come y, lo más importante, no siente.

Creemos que estamos protagonizando Diario de una Pasión, escribiendo cartas eternas bajo la lluvia, cuando en realidad somos Adam Sandler en Click, usando un control remoto universal para saltarnos la parte difícil de sentir cosas de verdad. Queremos el final feliz de Notting Hill, ese de “solo soy una chica parada frente a un chico”, pero sin el riesgo, sin la vulnerabilidad, sin tartamudear.

Y esa es la gran crisis cultural que estamos viviendo. Preferimos la perfección plástica de una mentira bien redactada antes que la torpeza honesta de nuestra propia voz. Nos da pánico ser “cringe”, nos aterra no ser virales, así que dejamos que la máquina sienta por nosotros.

El poema que le mandaste era técnicamente perfecto. Tenía rima, métrica y metáforas sobre el universo. Claro, si el robot se leyó a Neruda, a Shakespeare y a Arjona en lo que tú te demoras en estornudar.

Pero ese robot no sabe lo que es que te suden las manos antes de mandar el mensaje. No conoce el miedo al “visto”. No tiene idea de lo que es pelearse porque uno quiere comer chino y el otro árabe, ni sabe la compleja ingeniería física que requiere comerse un completo italiano sin mancharse la camisa en la primera cita.

El amor real, el de verdad, es desordenado, torpe, a veces aburrido y muchas veces se queda sin palabras. Es análogo. Es incompatible con la perfección aséptica de un prompt bien diseñado.

Así que hoy lunes, mientras guardas los restos del festejo, piensa en esto: si mañana se cae internet a nivel mundial, si te quitan el celular y te dejan solo con un papel y un lápiz frente a la persona que dices amar… ¿te quedaría algo propio que decir? ¿O te darías cuenta de que, sin el asistente digital, tu obra de teatro se queda en silencio?

La próxima vez, inténtalo tú mismo. Aunque te salga chueco. Porque un “Te quiero” mal escrito por ti, vale más que un soneto perfecto escrito por ChatGPT.

Me salió verso sin mayor esfuerzo.