No es sólo el marista Abel Pérez hoy, Karadima o el cura Tato ayer. En los últimos 15 años 80 religiosos han sido acusados de delitos sexuales.
Cometidos desde la asimetría que implica siempre el pastor frente al fiel o incluso entre el adulto y el menor.
No es sólo el abuso de confianza cometido al amparo de una sotana sino la política sistemática de parte de la Iglesia Católica tanto en Chile como en el mundo que en el mejor de los casos fue de desidia y en el peor de ocultamiento.
El marista Pérez confesó su culpa y su congregación calló por años, las autoridades eclesiásticas no creyeron a las víctimas Karadima y mucho antes por ejemplo al obispo Cox lo trasladaron a Alemania.
Por eso la visita del Papa sería un excelente momento para que se reuniera con las víctimas y les pidiera perdón a nombre de la institución que encabeza y perdón por actos propios. Como haber llamado tontos a quienes en Osorno alegaban por el obispo Barros o por haber asistido al funeral del cardenal Law acusado de encubrir abusos en Boston.
Sería la señal más potente de un Nunca Más.
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