Las reflexiones y nuevos rumbos del abogado Jorge Bofill: “El derecho te permite estar en constante aprendizaje”

Por CNN Chile

14.01.2026 / 15:09

En CNN Íntimo, el abogado conversó sobre sus inicios en el mundo del derecho y algunos de sus casos insignes, como cuando fue el abogado de Juan Emilio Cheyre. "Él es un símbolo al que hay que destruir, esa es la razón por la cual se lo persigue", sostuvo.


Jorge Bofill Genzsch es una de las figuras más reconocidas del mundo jurídico chileno. Su carrera se ha construido en torno a la litigación y al manejo de conflictos complejos.

Formado como abogado en la Universidad Católica de Valparaíso y doctor en Derecho en la Universidad de Erlangen-Núremberg, su trayectoria ha sido reconocida en diversas oportunidades.

Su experiencia no se limita a tribunales nacionales. Ha representado clientes ante instancias internacionales como el CIADI del Banco Mundial, con sede en Washington D.C., y la Cámara de Comercio Internacional.


Lee también: La historia de Andrei Sokolov, el periodista ruso que se enamoró de Santiago


Paralelo a su ejercicio profesional, ha tenido un rol activo en la construcción institucional del país. Asesoró al Senado en la Reforma Procesal Penal y en la ley que introdujo la responsabilidad penal de las personas jurídicas.

Hoy, tras el cierre de BES Abogados el 31 de diciembre, abre una nueva etapa profesional. Junto a César Ramos lanza Bofill y Ramos, una oficina que integra a su esposa, Marcela Vega, y a tres de sus hijos, con el foco puesto en casos complejos y soluciones multidisciplinarias apoyadas en tecnología e inteligencia artificial.

“Me apasiona mi profesión. Lo que me conquistó del ejercicio de la profesión de abogado es la interacción con las personas, el hecho de que cada problema es distinto, necesita una solución diferente, no hay moldes en el ejercicio del derecho”, cuenta el abogado a Matilde Burgos en un nuevo capítulo de CNN Íntimo.

Los caminos de Jorge Bofill

Pese a su reconocida trayectoria en el mundo del derecho, Bofill cuenta que no siempre quiso seguir ese camino. “No siempre quise ser abogado; a mí me tincó en algún minuto ser médico, probablemente por ser Contreras, pero, entre otras cosas, yo salí del colegio el año 1977, era otro mundo, y las carreras disponibles eran pocas”.

“El estudio del Derecho no es muy entretenido. Yo procuré en la oficina de mi padre desde 1979, entré en contacto muy temprano con el ejercicio de la profesión”, dice, aunque agrega que “ser abogado es muy entretenido, ya que uno está en permanente interacción con personas, personas completamente distintas, que están enfrentando situaciones inusuales en la vida, problemas complejos, situaciones emocionales”.

“Yo he aprendido de cientos de tipos de industrias y de negocios a lo largo de mi carrera, porque si quiero entender bien el problema del cliente, tengo que entender lo que hace el cliente (…) Es una carrera que te permite estar en constante aprendizaje, pero de lo que es la vida, no de un aprendizaje académico”, agrega, recordando cómo fue su primer caso y su traslado desde la quinta región hacia la Metropolitana.

Respecto a cómo decide a quiénes defender, señala: “Que el cliente esté disponible, más allá de quién sea, qué haya hecho o lo que haya pasado, que siga los consejos que le daré”. “Hay ciertas cosas que yo no hago. Nunca he defendido a un traficante de drogas, entre otras cosas porque uno tiene que tener mucho cuidado con saber de dónde viene la plata que está recibiendo como pago honorario”.

Sobre cómo enfrenta la reacción ciudadana frente a casos polémicos, esto tras ser consultado sobre su representación a Julio Ponce Lerou, es claro al señalar que “a estas alturas no me genera nada, probablemente porque la experiencia ya me ha enseñado que las reacciones que se producen a nivel de opinión pública en general son muy poco racionales”. “Yo no tengo redes sociales y jamás voy a tenerlas”.

Por otra parte, el abogado también abordó su nuevo estudio. “Con los socios principales de mi ex oficina teníamos miradas distintas respecto del ejercicio profesional y especialmente los futuros respectivos, y la oficina que empezó a funcionar ahora es eso, el futuro redefinido de mi ejercicio profesional (…). Además, estoy incorporando a toda mi familia, partiendo por mi señora, que es una gran litigante, y a mis tres hijos”.

El polémico caso Cheyre

Jorge Bofill asumió la defensa de Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en Jefe del Ejército, en uno de los casos más expuestos y sensibles de su carrera. Se trataba del proceso por la Caravana de la Muerte en La Serena, donde Cheyre fue acusado inicialmente como encubridor y, posteriormente, condenado como cómplice tras una recalificación de la Corte Suprema. “Es una condena injusta”, parte señalando Bofill.

Uno de los momentos que lo marcó fue en la reconstrucción, ya que “en algún minuto el ministro Carroza le preguntó, dado que él lo que había hecho era presenciar cosas que habían hecho otros, ¿por qué no había denunciado estos hechos a la justicia?”, lo que habría dejado a “todos perplejos”, dado que “Cheyre era teniente (…) en un país donde no había ninguna institucionalidad salvo el gobierno militar”.

Para el abogado, ese caso estuvo atravesado por lo que llama “el sesgo de la retrospectiva”, que es que “las personas que lo juzgan no están mirando lo que realmente pasó en esa época. Pedirle a Juan Emilio, a sus 25 años, como teniente que tenía que obedecer las órdenes de un coronel (…) como si fuera una persona civil mayor de edad del año 2000 que presencia un delito para los efectos de tener que ir a denunciarlo”.

Lo que más le llamó la atención del proceso fue la convicción previa de condena. “El que, siendo evidente que lo que él había hecho o no hecho ese día no podía ser delito, simplemente daba lo mismo, porque lo que había que hacer era condenarlo”, sostiene. Esa lógica, agrega, se repite en las causas por torturas que aún enfrenta Cheyre: “Es lo mismo que pasa hoy con la causa de las torturas de las cuales está acusado”.

Bofill también apunta al peso simbólico, ya que Cheyre no solo fue señalado por violaciones a los DD. HH., sino también criticado por sectores militares por haber impulsado el “Nunca Más”. “Por supuesto”, responde cuando se le pregunta si eso influyó en el juicio, afirmando sobre el “Nunca más” que Cheyre “sabe que siempre hizo lo correcto y hoy debe pagar las consecuencias, pero lo hemos conversado y lo volvería a hacer”.

La aparente contradicción entre ambas imágenes —el general del “Nunca Más” y el acusado por violaciones a los derechos humanos— tiene, para Bofill, una explicación directa. “Esa incongruencia tiene que ver con que él no hizo aquello de lo que se le acusa”, dice, añadiendo que “a los que lo acusan y persiguen les da lo mismo si es o no culpable; él es un símbolo al que hay que destruir. Esa es la razón por la cual se lo persigue”.

La recalificación de la condena por parte de la Suprema, que lo transformó de encubridor en cómplice, no estuvo exenta de frustración. “Una de las cosas que uno aprende cuando entra a este juego de ser abogado litigante es que uno hace lo que puede, pero no necesariamente va a salir el resultado que uno espera, aunque tenga la razón”, reflexiona Bofill, afirmando que se aprende a convivir con eso: “es parte de mi trabajo”.

Mira la entrevista completa a Jorge Bofill