Los sindicatos de Prosegur y Brinks, junto a la Confederación Bancaria, presentaron una queja a la Contraloría por la medida impuesta por la Superintendencia de Bancos que permite operar a la banca el fin de semana, en un escenario en el que el servicio de transporte de valores está paralizado desde el 8 de mayo.
Según el último sondeo, cerca de 820 cajeros no tienen dinero en sus dispensadores, lo que representa un 48 por ciento más que el viernes pasado. Ante esto, la Superintendencia de Bancos autorizó, para facilitar el giro de dinero, la extensión de los horarios en las sucursales bancarias.
Miembros de los sindicatos indican que esta medida es una violación a la facultad que poseen los trabajadores de tener una negociación colectiva y señalan que esta paralización, que suma al 90 por ciento de los trabajadores, pretende crear una mesa de diálogo. Asimismo, catalogaron al Superintendente de bancos como “el más grande rompe huelgas”.
Ante las constantes críticas de los funcionarios, el superintendente de Bancos e Instituciones Financieras, Eric Parrado, aseguró que la medida sólo busca apaciguar el conflicto.
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