El Poder Judicial chileno enfrenta uno de los casos más complejos de derechos humanos al descubrir, mediante pericias de ADN, que varias identificaciones de víctimas de la Caravana de la Muerte en La Serena estaban equivocadas.
El ministro Sergio Troncoso lidera la investigación que determinó que existen discrepancias con las identificaciones que se hicieron en el año 98, lo que ha obligado a un nuevo proceso de exhumación e identificación. Las familias, que creían tener el duelo resuelto, ahora enfrentan la desgarradora realidad de que los restos que enterraron podrían no ser los de sus seres queridos.
El largo duelo interrumpido
El caso más simbólico es el del músico Jorge Peña Hen, cuya melodía inconclusa -compuesta con palitos de fósforo en prisión- se ha convertido en metáfora de un duelo que parece no terminar.
Mientras en 2024 se encontraron huesos de sus manos y pie que no estaban entre los restos incinerados por su familia en los 90, otros casos son más dramáticos: los restos exhumados correspondían a dos perfiles genéticos distintos, es decir, a dos personas. María Manterola, viuda de una víctima, expresa el dolor colectivo: “Duele, duele y mucho… ahora no sabemos, ¿será él?”.
El Servicio Médico Legal reconoce tener más de 500 protocolos con osamentas sin identificar almacenados, mientras las familias exigen respuestas definitivas a 50 años de los fusilamientos.
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