El geógrafo Marcelo Lagos analizó la situación sísmica nacional tras los eventos ocurridos en Colombia y Venezuela, explicando la diferencia entre los distintos tipos de eventos y mencionando los sectores del país que concentran una mayor probabilidad de registrar un sismo de gran magnitud.
Tras los terremotos registrados en Colombia y Venezuela, el especialista partió aclarando que se trata de “procesos independientes” del contexto chileno.
En el caso venezolano, explicó que los sismos se deben a la interacción entre la placa del Caribe y la sudamericana mediante movimientos horizontales y superficiales. Por su parte, el evento en territorio colombiano se trató de un fenómeno intraplaca a casi 110 kilómetros de profundidad “en subducción bajo la placa sudamericana”.
“Estamos muy lejos de que vaya a haber una conexión o transmisión de esfuerzos desde las rupturas que se han producido ahora en Colombia y Venezuela hacia Chile; por lo tanto, deberían ser eventos totalmente independientes“, afirmó Lagos en conversación con Radio Agricultura.
“Independiente de ello, nunca hay que olvidar (…) que esto es un peligro latente, y cuando algo es latente, quiere decir que es inevitable. La amenaza sísmica en Chile, particularmente, que es uno de los países más sísmicos del mundo, siempre está a la vuelta de la esquina, y eso no podemos olvidarlo”, agregó.
Las seis zonas con energía acumulada en Chile
Consultado por el contexto sísmico chileno, Lagos destacó que la convergencia entre las placas de Nazca y Sudamericana, presente en gran parte del territorio, genera una acumulación constante de energía de entre 6,5 y 6,6 centímetros al año. En ese contexto, identificó seis sectores que podrían acumular energía ante la ausencia de terremotos o sismos que hayan permitido soltarla:
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Pisagua hasta el norte del Perú: Corresponde a la zona comprendida por las rupturas de 1868 y 1877, la que incluye las costas de Tacna, Arica y el puerto de Ilo, sin un terremoto de gran magnitud en más de un siglo.
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Sur de punta Patache hasta Tocopilla: Sector de la zona norte donde no se ha presentado un sismo de gran magnitud, lo que significa un aumento de probabilidad de acumulación de energía.
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Costa de Atacama: Tramo que no registra un terremoto de gran magnitud desde noviembre de 1922, habiendo transcurrido más de cien años desde dicho evento, “y por lo tanto la amenaza es más que latente”.
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Zona central (entre Los Vilos y Pichilemu): Área que, si bien tuvo los terremotos de 1822, 1906 y 1985, mantiene energía acumulada en la trinchera. Lagos enfatizó la atención de la ciencia sobre este tramo al tomar como antecedente el evento de 1730: “Es un evento que podría ser muy grande si llegara a ocurrir“.
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Costas del Biobío: Sector donde se liberó suficiente energía durante el terremoto del 2010, por lo que resulta poco probable que vuelva a registrarse un evento de características similares.
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Al sur de Tirúa y Golfo de Arauco hacia el sur: Corresponde a la zona asociada a la ruptura de 1960. Tras más de 60 años, el especialista indicó que no debería haber energía para un evento de tales magnitudes; no obstante, no se pueden descartar magnitudes cercanas a 8.
“Si me preguntas, ¿hay energía suficiente? Siempre va a haber, y el tiempo es uno de los principales indicadores“, finalizó el geógrafo.
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