Un acuerdo suscrito en 2007 entre ENAP y Pdvsa para estudiar un bloque petrolero en Venezuela no derivó en compras de crudo. Factores técnicos y estratégicos terminaron frustrando la operación.
Los vínculos entre la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) y Venezuela incluyeron intentos concretos por acceder a crudos de ese país, aunque ninguno se tradujo en compras efectivas. Así lo detalló Diario Financiero, que reconstruyó acuerdos y gestiones fallidas entre la estatal chilena y Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
Según antecedentes entregados por ENAP, entre 1993 y 2000 un consorcio integrado por empresas de Alemania, Argentina y Chile —a través de su filial Sipetrol— realizó actividades de exploración y explotación en Venezuela. Posteriormente, la estatal decidió focalizar su estrategia internacional en otros países, como Argentina, Ecuador y Egipto.
El acuerdo de 2007 que no prosperó
De acuerdo con lo consignado por el medio citado, uno de los hitos más relevantes en esta relación ocurrió el 18 de abril de 2007, cuando ENAP y Pdvsa firmaron un acuerdo para ejecutar un estudio de cuantificación y certificación de reservas en el Bloque 5 del área Ayacucho, en el estado Anzoátegui, dentro de la faja petrolífera del Orinoco.
La firma del convenio se realizó con la presencia de la entonces presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y su par venezolano, Hugo Chávez. La memoria anual de ENAP de ese año indicó que el bloque tenía una extensión de 850 kilómetros cuadrados.
En ese contexto, el entonces gerente general de ENAP, Enrique Dávila, sostuvo que una eventual explotación de los yacimientos “beneficiaría a ambas partes”, al permitir a Chile asegurar suministro de crudos pesados en el largo plazo y a Venezuela ampliar la comercialización del petróleo de la faja del Orinoco.
Las razones detrás del fracaso
Pese al alcance político del acuerdo, no se concretaron compras de petróleo venezolano. Según fuentes citadas por el medio, los crudos involucrados eran mayoritariamente pesados, lo que impedía una refinación adecuada en las instalaciones de ENAP a nivel local.
Conocedores del proceso señalaron que, aunque el convenio generó discusión política en su momento, en la práctica no se avanzó en operaciones comerciales. A ello se sumaron dificultades para negociar con la contraparte venezolana.
Con el paso del tiempo, Venezuela dejó de ser un actor relevante en la producción petrolera, lo que redujo el interés por retomar gestiones similares. En paralelo, ENAP mantuvo su foco estratégico en otros mercados internacionales.