(EFE) – El presidente de Nepal, Ram Chandra Paudel, aseguró este jueves que busca una salida constitucional a la crisis política desatada por la revuelta juvenil que forzó la caída del Gobierno, en medio de unas negociaciones marcadas por la propuesta de la expresidenta del Tribunal Supremo, Sushila Karki, como primera ministra interina.
“En la difícil situación actual del país, estoy reflexionando y haciendo todo esfuerzo para encontrar una salida dentro del marco constitucional, así como para proteger la democracia y mantener la paz y el orden en la nación”, afirmó Paudel en un comunicado oficial.
El mandatario, que afirma estar atendiendo “las demandas de los ciudadanos movilizados”, llamó a “actuar con moderación” tras los disturbios que han dejado al menos 31 muertos y más de un millar de heridos desde el lunes.
Estas declaraciones se producen en medio de la negociación entre los manifestantes de la autodenominada ‘Generación Z’ y representantes del Ejército y de la Presidencia, en un intento de oficializar la candidatura de Karki, propuesta en una votación en línea y aceptada por la propia exjueza.
Sin embargo, la posibilidad de que Karki encabece un gobierno interino tropieza con un obstáculo legal: el artículo 132 de la Constitución de Nepal impide que una persona que haya presidido el Tribunal Supremo ocupe puestos en el Ejecutivo.
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Algunos dirigentes locales, como el alcalde de Katmandú, Balendra Shah, han sugerido la disolución del Parlamento como vía para sortear la restricción constitucional, una opción que abre nuevos interrogantes sobre la viabilidad jurídica del proceso.
Analistas consultados por EFE advierten de la alta incertidumbre del proceso. “Hicieron un milagro (al derrocar al Gobierno), pero no tienen confianza para liderar porque carecen de un liderazgo definido”, explicó a EFE el analista político Anil Giri.
“Gobernar un Estado es diferente”, añadió, subrayando que la Constitución no permite claramente que un expresidente del Tribunal Supremo encabece un gobierno.
Este levantamiento juvenil, que carece de un liderazgo unificado o una estructura jerárquica clara, fue convocado y coordinado de forma orgánica a través de redes sociales por diversos colectivos que llamaron a la juventud de la ‘Generación Z’, sin una cabeza visible que centralizara las decisiones.
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